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¡Gracias, Santo Padre!

Ante el desconcierto de la noticia de la renuncia del Papa vienen con prontitud a mi cabeza y a mi corazón unas palabras que aprendí de San Josemaría: «Hágase, cúmplase, sea alabada y eternamente ensalzada la justísima y amabilísima Voluntad de Dios, sobre todas las cosas.

-Amén. -Amén.» (Camino, 691).

El 24 de abril de 2005, en el solemne inicio de su pontificado, durante la homilía de la misa, el Papa Benedicto XVI nos decía: "Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Señor y dejarme conducir por Él, de tal modo que sea él mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia".

No cabe duda que si éste ha sido el programa de gobierno de todo su pontificado, esta decisión tan delicada y tan difícil, es un nuevo sí a la voluntad divina. Cuánto le habrá costado tomar esta decisión, pero qué humildad la del Papa, fruto de un amor grande a Dios, a la Iglesia y a todos los hombres. Una vez más nos muestra el camino para parecernos más a Jesucristo, que no vino a "ser servido sino a servir".

A diferencia de muchos gobernantes que desean controlar, dominar, mantener el poder incluso a costa de hacer sufrir a los demás, el Papa, pensando en Dios, en la Iglesia, en las almas todas, no tiene inconveniente en hacerse a un lado. Nos enseña así, que gobernar es servir. Servir buscando el bien de quienes le han sido encomendados, sin importar el sacrificio que eso pueda suponerle a él mismo.

¡Gracias, Santo Padre! Sinceramente sólo tenemos motivos para darle las gracias por sus continuos desvelos de Buen Pastor. Gracias por sus miles de mensajes orales y escritos, por sus libros, por sus encíclicas y cartas apostólicas, gracias por sus continuos y agotadores viajes, por preocuparse de manera especial por los más necesitados y por los que sufren, por sus obras de caridad y de misericordia, gracias por las canonizaciones que nos presentan tantos modelos de santidad, por los esfuerzos ecuménicos realizados en estos años para acoger a todos los hombres en el seno de la Iglesia, por convocar el Año de la Fe, por todas las Jornadas Mundiales, gracias por su alegría y buen humor, por su valentía para cumplir la Voluntad de Dios, sabiendo que daría pie a incomprensiones, burlas y ataques… y como son innumerables los motivos de acción de gracias, gracias, en definitiva por decir a Dios Padre, como Jesús y Santa María, "Hágase Tu voluntad".

Ahora, nosotros queremos ser buenos hijos del Papa y de la Iglesia, por lo que procuraremos rezar más por su persona e intenciones, ofrecer pequeños sacrificios y, siguiendo su ejemplo, nos esforzaremos por decirle a Dios que sí en lo que nos vaya pidiendo a lo largo de nuestro día.

Estamos viviendo un período privilegiado en la historia de la Iglesia, y es el momento para que todos, reunidos en torno a "Pedro", roguemos a Dios Nuestro Señor que siga acompañando y bendiciendo a Benedicto XVI, y para rezar, junto a él por los frutos del cónclave y por la persona e intenciones del próximo Papa, a quien ya queremos con toda el alma.

*Colaboradora de El Diario de Hoy.