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Golpe dictatorial contra la justicia universal

I

lustrísimos señores de tan alto Tribunal que por una escuálida mayoría imponen dictatorialmente que la convivencia, más o menos estable, de dos homosexuales, varones o hembras, pasa a ser matrimonio con todos los derechos del mismo. Eso no sólo va contra las leyes de varios de los estados del país sino también contra toda verdad, contra toda justicia y contra el mismísimo sentido común.

Me atrevo a escribirles, sin ser ciudadano de los Estados Unidos, porque toda mentira o maldad, venga de donde venga, debe ser denunciada como tal por todo hombre libre que ame la verdad y la justicia.

Transcribo totalmente lo que Roberts, presidente del Tribunal escribe en su opinión discordante: "La decisión de la mayoría es un acto de la voluntad, no un fallo jurídico. (…) Como resultado, el Tribunal invalida las leyes sobre el matrimonio de más de la mitad de los estados y ordena la transformación de una institución social que ha sido la base de la sociedad humana durante milenios, desde los bosquimanos del Kalahari y los chinos han, los cartaginenses y los aztecas. ¿Quiénes creemos que somos?".

Yo añado algo más: es lamentable que no reparen en que su obligación es impartir justicia y que ésta debe atenerse a la realidad y no pensar, con un acto de ciega soberbia, que la ley crea la realidad. ¿Tendrá que decirles una persona cualquiera, como yo soy, que la justicia consiste en dar a cada uno lo suyo y no en dar a todos por igual? Con ese absurdo criterio de igualdad, de no discriminar, entonces en todo examen de cualquier materia debería calificarse con igual nota al alumno que sabe y al ignorante y en una carrera deportiva premiar por igual al que llega primero que al que llega el último.

Por mucho que ustedes lo manden y traten de imponerlo de forma dictatorial, la convivencia de dos homosexuales no es ni será nunca un matrimonio, que es una realidad muy distinta y -–como bien se dice más arriba-- natural y universal durante siglos. Si la ley impuesta por ustedes dictamina como matrimonio lo que no es tal cosa, no se está haciendo un acto de igualdad sino un ataque injusto contra el matrimonio, de previsibles malas consecuencias sociales, para su país y para cualquier otro que siga su ejemplo y ejecute semejante barbaridad.

La sentencia de ustedes en realidad es motivo suficiente para merecer expulsarles de la noble profesión de juez. Pues si no saben ver la realidad, o peor, están dispuestos a ir contra ella, ustedes son un peligro público, un mal social que habría que impedir.

Nadie impide, ni debe impedir que dos homosexuales puedan convivir íntima y establemente. Eso es un asunto privado suyo. Legalmente, si quieren, también pueden suscribir una serie de derechos y deberes mutuos. Pero esta sentencia de ustedes es una acción política que pretende, aunque lo niegue, destruir la institución matrimonial. Francia es un ejemplo muy claro de esa misma intención política malvada. Allí la convivencia de parejas homosexuales tenía su vertiente legal aceptada por todos. Y de pronto el presidente Holande decreta que se legalice el "matrimonio" homosexual y se suceden unas enormes manifestaciones en contra, incluso presididas por prominentes gays y lesbianas.

¿Entonces…? ¿Cuál es la verdadera finalidad? –Destruir la institución social del matrimonio. Estamos ante uno más de los ataques de la cultura de la muerte cuya finalidad, cada vez más evidente, es acabar con la civilización cristiano-occidental.

Como añadidura, las estadísticas, para muchos países dicen que son gays entre un uno a dos por ciento del total de varones. Pero los que quieren vivir emparejados apenas si son un uno por ciento. O sea, que el honorable tribunal trata de tutelar los presuntos derechos de un uno por ciento. Da risa o cólera semejante engendro.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com