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Gobernando y beatificando

Pareciera que el 01/06/2015 debería pasar a la historia como un hecho memorable, no solamente para El Salvador sino para el mundo. Al menos, eso indica el volumen de propaganda que el gobierno ha realizado alrededor de "un año gobernando con la gente": mupis, vallas, desplegados, suplementos e infinitos anuncios mostrando a un retocado y sonriente Sánchez Cerén rodeado por amorosos niños, jóvenes, mujeres y ancianos que agradecen los excelentes resultados de su mandato. ¿Cuánto cuesta semejante engaño? 

Por otro lado, demoledores resultados en las encuestas, que aplazan sin misericordia el desempeño gubernamental. Graves los análisis de instituciones y personas serias y de prestigio, mostrando el terrible deterioro que nuestro país muestra en todos los indicadores que mundialmente se toman en cuenta, pero que al gobierno efemelenista le importan un bledo. Al contrario, se ufanan de grandes éxitos invisibles y se apropian de otros que no les pertenecen, por ejemplo, la beatificación de Monseñor Romero, "el acontecimiento del siglo", que ocupa las dos páginas centrales del "Suplemento especial primer año de gobierno del Presidente Salvador Sánchez Cerén, un año gobernando con la gente", que fue distribuido dentro de los periódicos nacionales el 1 de junio. Con semejante publicación queda inobjetablemente demostrada la vergonzosa manipulación política de un acto que debió ser estrictamente religioso, eclesial, no gubernamental ni propagandístico. Desde antes de las elecciones de diputados, el gobierno utilizó el anuncio de la beatificación como propaganda suya y en contra de ARENA; ahora anuncian que será canonizado en 2017, casualmente cuando inicie la campaña para elecciones generales en 2018. Qué: ¿fabricarán un milagro o dejarán que Dios actúe? 

Que quede claro: los católicos somos obedientes al Papa y, una vez que él ha hablado, aceptamos sin reservas su mandato. Que nadie venga, pues, a utilizar mis opiniones para continuar creando divisiones y odio de clases, incluso entre personas que profesamos la misma fe. Por eso levanto mi voz de protesta y alarma: para que no permitamos que nuestra fe sea nuevamente mal utilizada, para que no haya de nuevo sacerdotes y monjas expulsados de sus congregaciones por seguir fieles a la ortodoxia y no haberse convertido en "progres", para que no existan católicos que, decepcionados, se alejen de la Iglesia. Mucho menos, que nos veamos obligados a escoger entre ser católicos o ser "romeristas".

Porque eso anuncian las preocupantes palabras del profesor Sánchez Cerén, al prometer incorporar al pensum escolar una cátedra sobre los escritos y vida de Monseñor Romero. En las aulas, de las que se expulsó la enseñanza de Moral, Cívica y Urbanidad, ahora se enseñará el "romerismo" a la manera del chavismo: como una nueva idolatría que en nada contribuirá a la construcción de buenos ciudadanos. 

En los libros de historia, por supuesto, habrá que incluir un capítulo que destaque al beato Óscar Arnulfo Romero, pero su vida y escritos deben ser estudiados y enseñados única y exclusivamente por la Iglesia Católica. No es al gobierno, mucho menos a uno marxista, al que eso le corresponde. 

Y para demostrar el respeto que el gobierno dice tener al nuevo beato, deberían quitar su gigantesco retrato del salón de honor de casa presidencial; Monseñor Romero, reputado como un hombre humilde, debe sentirse avergonzado al ocupar el puesto que corresponde al Prócer José Matías Delgado. Otra falta de patriotismo del FMLN.

*Columnista de El Diario de Hoy.