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¡Gestión de la hacienda pública, nada fácil!

En tiempos de vacas gordas las finanzas gubernamentales deben cerrar el año en números negros y en tiempos difíciles se permiten los números rojos

Se ha discutido y señalado de forma reiterada y enfática, que antes de aplicar nuevos impuestos se debe primeramente controlar y disminuir el gasto publico. Pero, mantener el equilibrio de las finanzas públicas no es una tarea fácil, por lo que sería interesante conocer experiencias positivas y negativas de cómo han manejado el tema otros países. Veamos el ejemplo de un país económicamente estable, como  Suiza. 

Los ingresos, especialmente los obtenidos vía impuestos pueden subir o bajar, con grande o pequeña variación y en cualquier momento, dependiendo la coyuntura económica. En los años de bonanza el Gobierno recauda mucho dinero, pues el trabajo y los salarios son estables y las empresas pagan más impuestos con el incremento de sus ganancias. Esto no ocurre en una recesión.

Cuando las cosas se ponen difíciles, los gobiernos pueden pedir dinero prestado y es lo que Suiza se vio obligada a hacer en los primeros años del siglo. Una recesión la obligó a desembolsar sumas importantes para apuntalar las compañías estatales, como los ferrocarriles. El resultado fue más deuda pública y esta tiene un precio, el servicio de la deuda al pagar los intereses a los acreedores, un dinero que no puede ya dirigirse a carreteras, escuelas y hospitales. Si la recesión asoma su horrible rostro, la montaña de débito, crece.

La democracia directa suiza entró en juego. En 2001 el gobierno pregunto a la ciudadanía si apoyaba la política de frenar la deuda para reducir este lastre, el plan de austeridad se aceptó y el freno se aplicó a partir de 2003. Desde entonces lo que salió en gasto público no pudo exceder lo ingresado en impuestos, evitando que creciera el endeudamiento.

Pero el freno a la deuda va más allá. Toda la deuda acumulada debería ser pagada gradualmente en los años de auge económico. ¿Cómo hacerlo? En lugar de centrarse en el balance presupuestario determinado de un año, se estudia todo un ciclo económico de forma más amplia, considerando sus períodos de altos y bajos a mediano plazo.

En tiempos de vacas gordas las finanzas gubernamentales deben cerrar el año en números negros y en tiempos difíciles se permiten los números rojos; al final del ciclo, las cuentas deben de alcanzar un equilibrio que impida un aumento en la carga de la deuda. El superávit se utilizó para pagar la deuda.

¿Como le ha ido a Suiza por mas de diez años de aplicar su sistema de freno a la deuda? A finales de 2012 la suma de pasivos se había reducido a 18 mil millones de francos. Pero no todos creen en las virtudes de esta fórmula; algunos, consideran que este freno al gasto publico afecta los servicios públicos. Argumentan que la red de carreteras esta cada vez más congestionada, incapaz de seguirle el ritmo a una población que crece. A esto se suma que hay menos dinero para combatir el impacto del cambio climático.

El freno a la deuda suiza aún no ha pasado por una prueba de fuego. Suiza no se vio realmente afectada por la severa recesión que afecto a sus vecinos y otras regiones en años recientes.
 
Los defensores del freno afirman que fue precisamente por este mecanismo que Suiza esquivó la recesión, debido a que una deuda menor se tradujo también en una disminución del pago de intereses. 

¿Qué pasa si esto no es cierto? Si bien es posible un gasto de emergencia, aun así, el gobierno estará maniatado, sin poder hacer mucho para estimular la economía, ya que cuando haya más ingresos el freno a la deuda obligaría al país a pagar más pasivos.
 

* Colaborador de El Diario de Hoy.
resmahan@hotmail.com