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Geopolítica petrolera y dictaduras tambaleantes

Hemos llegado al último día de 2014 y la geopolítica mundial nos está permitiendo contemplar eventos que parecían inconcebibles apenas once meses atrás. Para empezar, en esa zona del planeta en que Europa se funde con Asia, la economía rusa se derrumba en paralelo a la caída del precio del petróleo, obligando a cancelar (o por los menos posponer) los sueños hegemónicos de Vladimir Putin. La lucha por la libertad en Ucrania, ya muy asfixiada por el conflicto interno y las presiones externas, parece estar volviendo a respirar por las dos fosas nasales.

China e India ven enfriar sus pujantes economías al tiempo que Japón y tres cuartas partes de Europa padecen fases recesivas. Semejantes impactos en el equilibrio global comportan numerosas consecuencias en otros órdenes, al punto que varios gobiernos sufrirán inestabilidad creciente en 2015 mientras otros logran afianzarse. La batalla civilizatoria contra la amenaza del extremismo islámico será, sin duda, uno de los pivotes alrededor del cual se consolidarán las nuevas alianzas planetarias.

Pero el mayor perdedor en la "guerra tecnológica" del petróleo es el régimen chavista de Venezuela. De hecho, es el perdedor más iluso de todos, porque sin garantizarse una capacidad mínima para sostener su propia economía, se lanzó a una demencial conquista ideológica que hoy le cobra por adelantado (y con intereses) su casi absoluta dependencia de los precios altos del crudo. Como en todo lo relacionado a los sueños "bolivarianos", era cuestión de tiempo --y de inversión estratégica-- para que Estados Unidos volviera humo las pretensiones expansivas de un gobierno necio caracterizado por su egolatría, matonería e incompetencia.

Mientras el comandante Chávez y su sucesor Maduro despotricaban de lo lindo contra el odiado "imperio", en los yacimientos de gas y esquisto en Texas y Dakota del Norte se gestaba una silente revolución tecnológica. Productores e inversionistas con sombrero ranchero, otrora incapaces de apoyar la producción estadounidense de combustible, empezaron a inyectar agua a presión y aplicaron arenas especiales que hicieron fluir a la superficie los hidrocarburos atrapados en las formaciones rocosas, permitiendo al sedimento de esquisto ("shale", en inglés) un potencial extractivo alucinante. Hoy estos "cow boys", junto a los príncipes sauditas, son los protagonistas del extraordinario incremento de productos del petróleo que ha hecho disminuir los precios a escala mundial, dando así el tiro de gracia a economías subalternas como la rusa y la venezolana.

Nicolás Maduro, fiel a los trinos de su difunto "padre espiritual", ha conseguido que una de las naciones más bendecidas con reservas petroleras en el planeta sea hoy una de las economías más indigentes de Latinoamérica. ¡Vaya hazaña histórica para un humilde conductor de autobuses cuyo máximo talento consistió en decir "amén" a cada palabra emitida por su adorado antecesor! El problema es que entre los huérfanos de la chequera venezolana se encuentra también "el padre espiritual" del propio Chávez, Fidel Castro, lo que ha llevado a su hermano Raúl --que vendría a ser una especie de "tío abuelo espiritual" de Maduro-- a emprender un desesperado acercamiento con… ¡el odiado "imperio"!

El colapso es una condición permanente de la economía cubana desde hace varios años. Lo que ha sostenido al régimen castrista es su naturaleza necesariamente represiva y esa sucesión de patrocinadores que el destino le ha proveído en más de medio siglo, con la extinta Unión Soviética y la Venezuela chavista como extremos de una larga cadena de servidumbre y dependencia. Pero los venezolanos ya ni siquiera pueden estornudar a gusto sin perder dinero, así que Raúl Castro está amenazado con otro periodo especial similar al que sufrieron los cubanos en los primeros años noventa, luego del desmoronamiento de la URSS.

La dictadura castrista es aberrante, pero el embargo a Cuba, con su fracaso histórico a la vista, también lo es. La democracia llegará a la isla si se privilegia el sentido común. Y ojalá fuera así en 2015.

¡Feliz año!.

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy.