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Genes, sexo y libertad

La mentalidad postmoderna mantiene una doble actitud frente a la naturaleza, ya sea la de la Tierra, ya sea la de los seres humanos. Según su ecologismo radical, habría que dejar intacto, sin sufrir la acción de los hombres, todo lo de la Madre Tierra: selvas, bosques, praderas, lagos, montañas, etc., con toda su fauna y flora. La especie humana, para ellos, sería solo una plaga nociva, destructora, habría que disminuir su cantidad y, a ser posible, que desapareciera por completo. En cambio, frente a la naturaleza humana, la actitud de este postmodernismo es de franca rebeldía. De esa repulsa surge el género y en su culminación el transexualismo.

Sobre esa visión yo me declaro, como en anterior artículo, disidente y progresista. Estoy muy de acuerdo en que se evite la destrucción sin motivo ni mejoras de lo natural; pero sería una gran ceguera no querer ver todo lo que, desde la prehistoria, el hombre ha mejorado en nuestro planeta. Y en cuanto a la rebeldía contra el sexo con el que nacemos conviene aclarar algunas cosas.

Los animales no son libres, son esclavos totales de su naturaleza. Un león no puede tornarse vegetariano ni una vaca carnívora. La naturaleza ya les ha destinado en las características corporales cuál va a ser su vida, si volar, si nadar, si correr, si cazar, etc. En los pájaros, por ejemplo, la sola disposición de sus ojos ya muestra si son aves de presa o no. En cambio los humanos poseemos un cuerpo multiuso apto para el desarrollo y transformación que le den nuestras decisiones libres: futbolista, pintor, nadador, investigador, pianista, bailarín, etc. Pero esas decisiones libres, si son sensatas también obedecerán a las inclinaciones y facilidades naturales. Si se rebela contra ellas, fracasará. No todo el que le da patadas a la pelota de niño llega a ser un buen futbolista, ni todo el que se pone a estudiar música o pintura llega a ser un genio de esas artes.

Desde el cigoto, todo ser humano ya es hombre o mujer. No hay más que dos sexos. Y ello, incluso, determinará durante el embarazo las distintas cualidades de la placenta "condicionando la producción de hormonas en la placenta de la madre, actualmente se considera la placenta un órgano endocrino y no sólo de protección del embrión. Esas hormonas se producen por la placenta de una manera diferente según que el embrión sea masculino o femenino. Por otra parte, a la producción hormonal de la placenta le cabe la importantísima y trascendental competencia de dirigir la diferenciación sexual y cerebral del embrión que está en el claustro materno. Este es un hecho demostrado desde el año 1966, y no sólo para la especie humana, sino para los mamíferos superiores, que arroja un saldo de publicaciones anuales de entre 1.200 y 1.700 según cada año. (Dr. Polaino Llorente).

Y el cerebro también es sexuado. Distinto en la mujer que en el hombre.

La frase famosa de Simone de Beauvoire: no nací mujer, me hicieron mujer es una falsedad. Se nace mujer o se nace varón. Pero cabe la rebeldía. En cuanto a la tendencia homosexual en varones puede haber dos tipos de predisposición homosexual --dice la doctora López Moratalla-- uno genético por defecto del cromosoma X para la testosterona, y otro por un tipo de mutación epigenética, que modifica la regulación de genes del metabolismo hormonal en el cerebro, dependiendo de diversos factores fisiológicos durante el desarrollo. Pero esa tendencia innata a la homosexualidad sólo predispone, no determina. Después las vivencias, experiencias, y sobre todo las libres decisiones dejarán, especialmente desde la pubertad, y adolescencia, su huella en el cerebro y en la vida. En cuanto a la rebeldía del cambio de sexo, de hombre a mujer, es sólo una apariencia, un engaño. Una alteración quirúrgica construye unos falsos genitales externos, aparentemente femeninos y una ingesta masiva de hormonas femeninas completan el engaño: parece mujer, pero sigue siendo un varón, genéticamente, XY. Algo falso, lamentable.

*Dr. en Medicina.

Columnista de El Diario de Hoy.

luchofcuervo@gmail.com