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El futuro de la derecha

Es evidente que la izquierda que hoy gobierna a El Salvador no ha podido hacerle frente a los grandes problemas que afectan a la población. Pero no es suficiente reconocer el fracaso de un Gobierno, es necesario tener claro cuál es su alternativa. Lastimosamente la conceptualización del espectro izquierda-derecha está desfasada, y no es suficiente el título de "derecha" para establecerse como alternativa viable de poder. Está claro que nuestro país necesita un cambio de dirección, pero también está claro que la población salvadoreña quiere una visión clara de ese cambio antes de volverle a apostar a la derecha.

Dentro de esos amplios conceptos de "izquierda" y "derecha", existen diversas vertientes de pensamiento. La izquierda que hoy gobierna el país, no es la única izquierda, así como la derecha tradicional que hemos conocido, no es la única derecha. Si queremos definir una alternativa viable de poder que pueda volver a ganarse la confianza del pueblo salvadoreño y retornarle la esperanza de un futuro diferente, es necesario definir esa alternativa más allá de la simplificada conceptualización del espectro político que utilizamos regularmente. Si creemos que la derecha debe tener futuro en nuestro país, debemos redefinir, en términos concretos, las convicciones y los principios que la construirán, y así ofrecerán un futuro diferente para el país.

El futuro de la derecha se encuentra, no en la corrupción del pragmatismo político que ha destruido el gran potencial de nuestra nación, sino en la convicción de los principios liberales y republicanos que en el transcurso de la historia han construido a las naciones más prósperas y justas. El futuro lo construirá la sinergia de mentes nuevas e innovadoras con principios claros y perdurables. Lo construirá la valentía de reconocer los errores y las injusticias del pasado para abrir el camino de una nueva visión, de nuevos liderazgos y de una forma diferente de defender y construir nuestra patria.

El cambio y la evolución deben siempre ser constantes, no tímidos pasos a tomar según conveniencia. La fortaleza del pensamiento no está en su rigidez, sino en su capacidad de evolucionar, crecer y aprender. Igual debe ser en el actuar político. Hoy más que nunca se requiere de honestidad, humildad y madurez para quebrar la dinámica estéril de nuestra política nacional. El pasado deja lecciones importantes que debemos internalizar y comprender, pero con estas lecciones asumidas, es necesario pasar la página y dejar atrás sus prejuicios, rencores y conflictos. Se les debe gran reconocimiento y respeto a las generaciones que defendieron nuestra patria, pero es tiempo que una nueva generación construya los fundamentos del futuro.

Nuestro El Salvador tiene todo lo necesario para brillar. Su gente todo el potencial para crecer y prosperar. Nuestra nación puede y debe ser grande. Pero como toda construcción, requiere de trabajo para lograrlo. Es una camino difícil, pero necesario. Inicia con una voz clara que defienda la libertad, la vida y la dignidad de la persona. Una voz que defienda la democracia, la justicia y la república, y rechace rotundamente la corrupción del pragmatismo político. Una voz que enaltezca nuevamente los valores que nos unen como salvadoreños y que pueden sacar a nuestra patria del abandono, el retroceso y el desperdicio en que hoy se encuentra.

Esa es la voz que debemos asumir como derecha, alrededor de la cual nos debemos cohesionar si queremos representar un futuro diferente para el pueblo salvadoreño. Solo la claridad y coherencia de nuestros principios y acciones construirán la credibilidad, la solidez de esa voz la confianza, y nuestra perseverancia y entrega por la patria, el futuro.

*Colaborador de El Diario de Hoy.