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El fútbol une y lleva a la fraternidad de los pueblos

Hace algunos días leía en un artículo que Eduardo Galeano, autor de un libro titulado "Fútbol a sol y sombra" se respondía así mismo la siguiente pregunta: "¿En qué se parece el fútbol a Dios?" y decía: "En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales". Sus palabras llaman la atención, pues también llega a afirmar: "El fútbol es una religión popular, convertida en poder. El fútbol es la única religión que no tiene ateos".

Esta finalizando el "Campeonato Mundial de Fútbol" 2014. Es el deporte que ha acaparado la atención de niños, jóvenes, adultos y ancianos en el mundo entero. El mundo, envuelto en numerosos conflictos políticos y sociales que nunca terminan, necesita incentivos sanos que le traigan felicidad. El "fútbol" podría llevar a la unidad, fraternidad y armonía entre los pueblos. El deporte, la cultura, la música, el canto, unen y hacen crecer en fraternidad. Las fiestas deportivas a nivel mundial, hacen olvidar las guerras y los desatinos políticos que buscan el bien de unos pocos, y no, la felicidad de los pueblos. El buen fútbol nos une, pero la guerra y los conflictos entre los pueblos nos separan. El ideal sería que este potencial educativo y formativo del ejercicio del deporte a todo nivel, fuera el lugar ideal para mantener unidas a las naciones.

El Papa Francisco es un gran apasionado del buen fútbol. Llevó su amor por la camiseta hasta el Vaticano. Desde chico disfrutaba de los partidos con sus amigos en un terreno ubicado en la iglesia Medalla Milagrosa, en su barrio natal de Flores. Y fue su padre, Mario Bergoglio, quien lo inició en este camino y le contagió la pasión por su equipo favorito, San Lorenzo de Almagro, un club fundado por un sacerdote salesiano en 1908 para rescatar a los niños que vivían en las calles. Monseñor Josef Clemens, hablando de la relación "iglesia-deporte en el Vaticano, dijo: "el deporte ofrece en sí a la iglesia una serie única de oportunidades en el momento en que busca soluciones a los problemas de la violencia y del doping que solo se pueden resolver con una sana antropología de la persona que reconoce y valora el aspecto espiritual tanto como la dimensión corpórea.

Qué hermoso sería si el Campeonato Mundial de Fútbol fuera realmente una fiesta de solidaridad entre las naciones, y como dice el Papa Francisco, el fútbol además de ser un juego "es al mismo tiempo una oportunidad para el diálogo, la comprensión y el enriquecimiento humano recíproco". Los campeonatos de fútbol a cualquier nivel, si no están amañados, son fuente de sana diversión y exaltación de los valores cívicos, morales y religiosos. En el sistema educativo de Don Bosco el deporte, la gimnasia, la música, la declamación, el teatro, los paseos, son medios eficacísimos para conseguir la disciplina y favorecer la moralidad y la salud.

La fiesta del fútbol sigue, y ojalá que la experiencia vivida, nos haga comprender que la violencia irracional debe desaparecer para que los pueblos del mundo continúen soñando con una nueva aurora y un nuevo sol en donde la unidad y fraternidad sean una realidad. El apóstol San Pablo, nos recuerda que no hay que perder de vista la "corona que nunca se marchita" (1 Co. 9, 25). Cultivemos siempre los valores espirituales para no perder la armonía en el deporte. ¡Construyamos un mundo mejor!

*Sacerdote salesiano.