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Funesto retroceso en la comunicación pública del quinquenio

Hace cinco años, cuando asumió la presidencia el periodista Mauricio Funes, algunos pensaron que el tema de la comunicación, dicho como concepto general y entendido como bien público, hubiese mejorado y sus diversas manifestaciones, sean estas libertad de expresión, publicidad estatal o fortalecimiento de los medios de comunicación públicos, hubiesen tomado más auge y dado pasos firmes hacia su maduración.

El ahora expresidente salvadoreño fue un periodista de televisión de muchos años, se caracterizó por ser crítico y desarrollar un periodismo bastante confrontativo con el poder; esto le valió gran prestigio que, sumado con el interés personal, por lo demás legítimo, de correr por la presidencia con el FMLN, le llevó a la primera magistratura. Con estos antecedentes y con la promesa del "cambio" el tema de la comunicación pública parecería no solo que se iba fortalecer porque sería un eje estratégico de la gestión sino también que se hubiese fortalecido y convertido en un filón fundamental para la población y, en general, para el fortalecimiento de nuestra naciente democracia.

Las cosas no caminaron como se esperaba; al menos en tres puntos han sido no solo un claro retroceso sino además pone en entredicho la voluntad de un periodista crítico que se dejó vencer por el funcionario que prefiere buscar lo que interesa al poder, más que hacer prevalecer la verdad y el interés común. Me refiero a la publicidad del Estado, el uso de los medios de comunicación públicos y el intento de manoseo de las frecuencias televisivas.

Con relación a la publicidad del Estado esto ha sido claro, la "dividió equitativamente" entre todos los medios informativos pero solo entre aquellos con los que se sentía "a gusto"; en cambio la prensa, a la que tildó de "oposición y vinculada con la oligarquía y ARENA", fue castigada y no se le dio publicidad.

Los criterios de igualdad, dependiendo de tiraje o amplitud de cobertura, audiencias y número de ejemplares, el impacto de uno u otro medio, criterios que la publicidad comercial y las empresas utilizan a diario para la estratificación de medios y lanzar sus productos o servicios, estuvieron ausentes en las políticas de repartición de la publicidad del gobierno actual.

Escuché por allí, que hay algunos que están pensando crear políticas equitativas con el nuevo gobierno; no sé sí lo harán, pero de lo que sí estoy seguro es que en la gestión Funes no se hizo y se favoreció a "algunos".

Por otro lado, y esto también es importante, no hubo transparencia en el manejo de los fondos destinados a publicidad gubernamental. Es más, hubo abusos que poco o nada se vieron en los "20 años de los gobiernos de ARENA", como utilizar masivamente spots televisivos gubernamentales el propio día de las elecciones, a tal extremo se llegó que el TSE los tuvo que prohibir mientras los salvadoreños acudían a las urnas.

Se lanzó a bombo y platillo, a diestro y siniestro la creación de los famosos medios públicos: una especie de agencia de prensa que nunca despegó, una radio nacional, que dejó de ser nacional para convertirse en partidaria, una televisora estatal que nunca fue actual sino que fortaleció lo de antaño, el conflicto bélico y sus consecuencias. Junto a esto se hizo el esfuerzo de crear una ley de medios públicos, que no pasó de ser un mamotreto que ahora se encuentra en una de las gavetas de la Asamblea Legislativa, esperando el día que sea estudiada por los señores diputados.

Dos defectos estructurales que no permitieron convertir a los viejos medios de comunicación del gobierno en nuevos medios públicos: uno, la visión y la falta de liderazgo para hacer realidad este concepto que en España, Gran Bretaña o Estados Unidos se desarrolla con gran fuerza, porque son medios independientes que responden a los interese de la ciudadanía no del gobierno de turno, y dos, no superar la visión y al igual que antes, "en los 20 años de ARENA", los medios son del "partido" del "gobierno de turno" y no de los ciudadanos.

Hay un tercer punto de igual o mayor importancia que estos dos anteriores y está relacionado con el intento, por el momento fallido, de manipular a través de los funcionarios de turno de la reasignación y nuevas concesiones de frecuencias de televisión abierta.

A todas luces no se trata de democratizar el espectro radioeléctrico ni mucho menos de modernizarlo, sino de tachar de un plumazo, en pocos días, el sistema que defendieron varios superintendentes en años anteriores. La Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia ha detenido el manoseo por ahora, pero habrá que ver qué pasa en un futuro inmediato.

Estos son solo tres ejemplos que muestran que el tema de la comunicación pública, de cara a los ciudadanos y no al partido o a los funcionarios de turno, ha quedado rezagado en este período que termina.

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*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com