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La fuga de capitales en América Latina

En estos días en los que el advenimiento de otro gobierno da oportunidad de repensar la política económica, es importante echar un vistazo a lo que está pasando en el mundo alrededor. Ha habido un cambio muy radical en el ambiente latinoamericano. Cuando los países latinoamericanos que dependen de los productos primarios comenzaron a crecer rápido en 2004, mucha gente creyó que el crecimiento les venía de adentro y que duraría para siempre. Estos países --principalmente Brasil, Argentina, Perú, Colombia-- se convertirían en los motores de la economía mundial junto con otras economías de las llamadas emergentes. Pocos se dieron el trabajo y la independencia de criterio de descubrir que su crecimiento se debía a enormes ingresos de dólares, que llegaban a esos países a través del boom de sus exportaciones de productos primarios y de grandes influjos de capital atraídos por ese mismo boom.

En los últimos dos años, sin embargo, esas dos fuentes de ingresos externos se han ido secando. Los precios de los productos primarios en los mercados internacionales comenzaron a caer, y los flujos de capital, en vez de ser enormes influjos, se tornaron en grandes salidas de recursos. Sus monedas se han comenzado a depreciar mientras sus reservas internacionales han comenzado a caer. El caso de Brasil ejemplifica lo que está pasando de una manera muy clara. En los últimos seis meses de 2013, el Banco de Brasil (el Banco Central) puso 77 mil millones de dólares en garantías de tasa de cambio a diversas empresas e instituciones (es decir, el Banco Central se comprometió a vender dólares por reales al precio que existía en ese momento, independientemente de si el real se devaluaba). Mientras el Banco Central emitía estas garantías, el real se devaluó de 1.95 a 2.35 reales por dólar (es decir, 20 por ciento). Cada vez que el real se devalúa, el Banco Central toma una pérdida en esas garantías.

Además, el país sufrió una fuga de capitales de 12.3 mil millones de dólares en 2013, 9 de los cuales salieron en diciembre.

Esto está pasando en toda Sur América. Los controles de cambio establecidos por el gobierno argentino no han podido detener la masiva salida de capitales, y la devaluación del peso. Con las devaluaciones, las tasas de inflación en estos países está aumentando rápidamente. El proceso se va convirtiendo en un círculo vicioso. Con menores precios de productos primarios, entran menos dólares por las exportaciones y, sin el impulso de la entrada de dólares, la tasa de crecimiento del PIB está cayendo, con lo que hay menos oportunidades de inversión y el capital no sólo no entra sino que sale. La salida del capital hace que la moneda se devalúe, lo que hace que el rendimiento de las inversiones medido en dólares caiga (la devaluación se come las utilidades y el poder de compra de los salarios). Ante menores rendimientos, el capital sale más rápido, con lo que la devaluación es mayor, y así. Es para evitar este círculo vicioso que los bancos centrales, como el de Brasil, han establecido planes para garantizarle a los inversionistas la tasa de cambio. Pero aún con esos planes la moneda se devalúa.

Todavía no hay una crisis abierta, pero la demanda se está debilitando en toda la región.

Todo esto augura un tiempo difícil para América Latina en 2014, y más allá. El Salvador se ve afectado por las caídas en los precios de los productos primarios pero sólo en cerca del 15 por ciento de nuestras exportaciones (el café), y no sufriremos una caída en el influjo de capitales porque no los hemos tenido. Por la dolarización, no tendremos salidas de capital por temor a las devaluaciones. Pero los otros países centroamericanos tendrán dificultades porque, con la excepción de Costa Rica, ellos sí dependen de los productos primarios.

Estos problemas vuelven aún más urgente la necesidad de dar un giro de timón a las políticas económicas en nuestro país para reactivar la inversión y las exportaciones para poder enfrentar este problema de una manera productiva.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.