Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Fuera de orden

Nuestra sociedad vive presa de numerosas ansiedades, y el control de las emociones forma parte de esas responsabilidades individuales que cualquier funcionario público debería practicar.

Pena ajena. Difícil sentir otra cosa al ver a altos personeros del partido oficial, la semana pasada, acuerpar una manifestación que buscaba ejercer presión sobre la Fiscalía General de la República. Por mucho que el alcalde de San Salvador convoque a sus seguidores para emitir opiniones sobre una investigación que le involucra en presuntos ilícitos, el acompañamiento organizativo del FMLN estuvo tan fuera de orden como las amenazas proferidas por el edil capitalino. Ni este último tenía por qué llegar a semejantes exabruptos, ni el oficialismo tenía por qué convertir el asunto en un ataque faccioso a la institucionalidad del Estado.

Por supuesto que el Alcalde tiene todo el derecho de expresar sus dudas alrededor del proceso que se le sigue a un grupo de jóvenes ligados a los ataques cibernéticos contra La Prensa Gráfica y El Diario de Hoy. Y tanto derecho tiene, que el fiscal Meléndez seguro habría escuchado sus alegatos o sus exigencias sin necesidad de verlo subido en una tarima, rodeado de simpatizantes, megáfono en mano, arremetiendo contra el Ministerio Público como si tal espectáculo callejero tuviera algún tipo de fuerza probatoria.

Nuestra sociedad vive presa de numerosas ansiedades, y el control de las emociones forma parte de esas responsabilidades individuales que cualquier funcionario público debería practicar. Ni por la dignidad de los cargos, ni por el respeto que se les debe a las instituciones del país, deberían nuestros líderes políticos olvidarse del valor inestimable de la prudencia y la serenidad.

Ya es bastante grave que se convoque a un mitin partidario frente a la Fiscalía; todavía más delicado es que se hagan advertencias al propio Fiscal respecto del abrupto final de su gestión. “O se olvida de mi caso o aténgase a las consecuencias”, vendría a ser una traducción bastante aproximada al sentido que tuvieron las palabras del edil capitalino la semana pasada.

Sin embargo, con todo y lo reprensibles que son, las amenazas del señor Bukele podrían explicarse en virtud del temor a que su involucramiento en hechos tan vergonzosos logre probarse. Si ese temor no existiera, bastaría con dejar que las investigaciones siguieran su curso y esperar a que el asunto se aclare, sin mediar prepotencias ni intimidaciones. Lo que resulta mucho menos sencillo de entender es por qué el FMLN, desde su cúpula, ha creído oportuno respaldar al alcalde en esta cruzada personal.

Hay razones para creer que Bunker no es el único nido de troles que funciona en el país. La cobardía de mantener planillas de difamadores con el propósito de impulsar determinadas agendas políticas o ideológicas quizá sea una lacra más extendida de lo que imaginamos. Ya se han hecho públicas las sospechas que vinculan a estas estructuras con otros funcionarios, lo que vendría a añadir un delito mayor a los que hoy se investigan, pues confirmaría la utilización de recursos del Estado en el ataque sistemático de adversarios y ciudadanos críticos. ¿Habrá algo de esto detrás del apoyo que en este momento los dirigentes del partido de gobierno le están dando a su cuestionado alcalde? Todo parece posible.

Pero no acaba en el show montado frente a la Fiscalía el perpetuo acoso del oficialismo a las instituciones. El burdo intento de amarrar las manos a la sección de probidad de la Corte Suprema de Justicia, las arremetidas cíclicas del gobierno contra los magistrados de la Sala de lo Constitucional y el decidido impulso que desde el poder se quiere dar a una inconsulta reforma al sistema de pensiones, atropellando derechos a diestra y siniestra, vienen a sumarse a una larga cadena de abusos, autoritarismos y arbitrariedades que la ciudadanía ha venido soportando en los últimos años. ¿A qué desfiladero nos conduce esta espiral de acciones antidemocráticas? ¿De qué lado se romperá la cuerda una vez que la estiremos hasta el límite de su resistencia?

*Escritor y columnista de El Diario de Hoy