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¿Fue necesario asesinar?

Hace varios días nos enteramos por distintos medios de comunicación de que el candidato a la Presidencia de la República por el partido en el gobierno, durante un acto público, declaró: "Pido perdón por daños causados, pero fue necesario. Se perdieron vidas que están olvidadas". Ahora, yo pregunto:

¿Fue necesario asesinar?

¿ Por qué hace muchos años después de haber causado tantos crímenes y daños a la familia salvadoreña se pide nuevamente perdón ? ¿Qué aviesos propósitos se esconden tras esta petición? He oído rumores que sugieren que es "para conservar la democracia", o acaso "para que las instituciones encargadas de impartir justicia funcionen". Asombran las declaraciones vertidas alrededor del tema, especialmente al recordar el oprobioso pasado de aquellos que, hoy día, se rasgan las vestiduras con manos aún empapadas con sangre.

José Antonio Rodríguez Porth, mi amado esposo, fue asesinado de la manera más cobarde el 9 de junio de 1989 y nunca se llevó a sus asesinos a juicio. ¿Es esto justicia? Me dicen que algunos de los autores intelectuales del atroz crimen se encuentran ahora en curules en la Asamblea Legislativa y otros en cargos de gobierno; que otros son actualmente candidatos a la presidencia de nuestra República. Yo no lo sé a ciencia cierta.

Aun cuando no ha existido ni la menor intención para investigar este grave delito, NADIE está clamando que se reabra el caso.

¿Querría Tono que se ventilaran de nuevo los pormenores del abyecto suceso; que su memoria fuese instrumentalizada en un acto de venganza política; que se desatara una tormenta de denuncias por todos los crímenes que se cometieron en nombre de altos ideales, que bien sabemos no podemos sobrellevar? ¿Sería, en cambio, su deseo que, en aras de la paz, pudiésemos todos continuar con nuestras vidas construyendo una mejor Patria y que dejásemos descansar su alevoso asesinato como una amarga memoria, pero no como motivo de enfrentamiento en la actualidad?

Tono sí amaba profundamente a nuestra Patria, tanto que dio su vida por ella. Jamás habría querido que muchos años después de su muerte, nos empezásemos a desgarrar, nuevamente, por asuntos que si bien NO han sido olvidados, forman ya parte de nuestra historia reciente. Por la nobleza que caracterizó su vida, Tono habría sabido perdonar, por el bienestar de su familia y por el bien de la Patria.

Las circunstancias de su fallecimiento me causarán siempre inmenso sufrimiento y dolor. Sé que no enjuiciar a los culpables de su muerte es una injusticia muy grande. Pero también comprendo que es así por un concepto más elevado de justicia, para que mis hijos y yo, y nuestro querido El Salvador, podamos marchar hacia el futuro sin el pasado.

Ruego a Dios todopoderoso que nos dé la sabiduría para comprender que en el momento en que hoy vivimos, lo importante no es la "satisfacción" de conceptos tergiversados de justicia, sino levantar, enaltecer, el espíritu de nuestro pueblo para que pueda lograr una vida mejor.

Yo he aprendido a vivir con mi dolor. No necesito que me pidan perdón. Tampoco me corresponde a mí perdonar.

*Colaboradora de El Diario de Hoy.