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Francisco en América

El papa Francisco le otorga  importancia a los efectos del cambio climático global, a la amenaza de efectos económicos, sociales y ambientales

De la reciente visita del papa Francisco destaca el hecho de ser el primer papa en pronunciar un discurso en el famoso pódium del Congreso de los Estados Unidos de América, en el que abordó temas candentes, cómo la abolición de la pena de muerte, el rechazo al aborto, la inmigración y parar la venta de armas; temas en los cuales, en todo momento abogó por los indigentes y necesitados.
 
Destacó su enérgica promoción de medidas contra el cambio climático, manifestando que no se pueden postergar y relegar a generaciones futuras. El papa señala de manera contundente que el calentamiento del planeta exige el reconocer desde ya las condiciones que aguardan a los que ahora son niños y el hecho de que debemos salirnos de nuestra complacencia. 

En su Encíclica sobre el medio ambiente, documento denominado “Laudato Si” (Alabado Sea), el papa Francisco ofrece una condena amplia e intransigente a la economía de mercado global, acusándola de saquear la tierra a expensas de los pobres y las generaciones futuras.
La Encíclica de 183 páginas, con la que Francisco se dirige no sólo a los católicos, sino, a “cada persona que habita este planeta”, incluye filosas críticas a la globalización y el consumismo, que según el Pontífice llevan a la degradación medioambiental.

Con palabras apasionadas que probablemente a algunos les resulten divisionistas, el Pontífice atribuye el calentamiento global a la actividad humana, culpa a “intereses especiales” por refrenar la aplicación de políticas que podrían remediarlo, afirmando que el Norte global tiene con el Sur “una deuda ecológica”. “Los poderes económicos continúan justificando el actual sistema mundial, donde priman una especulación y una búsqueda de la renta financiera que tienden a ignorar todo contexto y los efectos sobre la dignidad humana y el medio ambiente”, escribe. 

“Cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta”.

En la Encíclica, el papa incursiona en el polémico debate sobre la causa del calentamiento global y brinda apoyo de alto nivel a quienes atribuyen dicha causa a la actividad humana. Dice: “Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático”, que contribuye a un “constante crecimiento del nivel del mar” y un “aumento de eventos meteorológicos extremos”. Agrega que “la humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan”.

La importancia que Francisco le otorga a los efectos del cambio climático global, a la amenaza de efectos económicos, sociales y ambientales, potencialmente más devastadores para los seres vivos en el próximo futuro, resulta un  mensaje  contundente, que resalta la imperiosa necesidad de la ciencia y de la moralidad para, Dios lo quiera, reducir el riesgo mortal al planeta.

Es oportuno el llamado papal, porque frenar la degradación de la naturaleza tiene que ser tarea colectiva y global de científicos, políticos, empresarios, religiosos y de la sociedad civil organizada. Esto no espera. 

Serán determinantes los acuerdos de la Gran Cumbre del Clima, París, a finales del año.

El aumento de los gases de efecto invernadero por la combustión de energéticos como el petróleo y el carbón, a lo que se suma liberación de metano y  deforestación, hacen irreversible el incremento en dos grados centígrados la temperatura media de la Tierra. Consecuencias: sequías, escasez de agua, desertificación, acidificación de los mares, derretimiento de glaciares, extinción de especies, etc. Ello terminará siendo las causas de las “guerras climáticas” en el futuro cercano.

* Colaborador de El Diario de Hoy.
resmahan@hotmail.com