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Fotovideomanía

Mire usted cuántas fotos ha tomado y cuántos videos grabó que no ha vuelto a ver ni enseñó a nadie. Mi punto aquí es que por fotografiar o grabar la realidad no la disfrutó tal como fue y que nunca será lo mismo en fotos y en videos

Con miles de millones las fotos y vídeos que la gente hace diariamente en el mundo con sus dispositivos electrónicos cada vez más sofisticados y que además disponen de muchas de las aplicaciones tecnológicas  que le facilitan la vida. Por ejemplo, orientarse hacia una dirección o buscar un restaurante. Pero a lo que me quiero referir, son las fotos y los vídeos.

Si se fija, la gente fotografía y toma vídeos de casi todo lo que ve y preguntándole a varios: ¿Por qué fotografían y graban casi todo? La respuesta sencilla y común fue: “Para tenerlos”  o para “subirlos a una red social”. ¿Y después? ¡Nada! Los copian en su computadora, los suben a Internet y ahí se quedarán para la eternidad.  

Pues bien, yo creo que hay una gran diferencia entre disfrutar un espectáculo en vivo y estarlo grabando sin permiso y peor aún, si lo está haciendo en un teatro oscuro, cuando se sabe que con el reflejo del dispositivo molesta y distrae a otros que están alrededor y quieren disfrutar el espectáculo.

 Hace unas semanas fui a ver la danza del Bolero de Rabel. Y un señor que estaba delante de mí en la tercera fila, grabó todo el espectáculo en su dispositivo móvil. Ni lo disfrutó él, ni los que estábamos alrededor, porque no se pueden atender dos cosas al mismo tiempo. Ahí se me ocurrió este título: “Fotovideomanía”. 

 Y quizás sin darse cuenta, ya muchos  padecen de este deseo irresistible de fotografiar o grabar lo que sucede sin más motivo que fotografiarlo o grabarlo. O Hasta puede ser “fotovideopatía”, como necesidad enfermiza de almacenar fotos y videos que seguramente nunca más volverá a ver, porque tiene tantos, que le falta tiempo para verlos o enseñarlo a otros.

Yo solo tomo fotos y grabo vídeos de asuntos relacionados con mi trabajo y los borro en cuanto los he utilizado, lo mismo, que los correos electrónicos que elimino todos los días. Para el caso de mi dispositivo móvil, por temor a perderlo y con él todas las cosas que trato.
Mire usted cuántas fotos ha tomado y cuántos vídeos grabó que no ha vuelto a ver ni enseñó a nadie. Mi punto aquí es que por fotografiar o grabar la realidad no la disfrutó tal como fue y que nunca será lo mismo en fotos y en vídeos, que en el momento que sucedió.

Un buen consejo sería, que compruebe si ya padece la “fotovideomanía” y si es así, mejor empiece a disfrutar de las realidades tal como son en los momentos que suceden.
 

* Ingeniero.  Columnista de El Diario de Hoy.
www.centrodecalidadyproductividad.com