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Fomentando la inversión

Como salvadoreños tenemos expectativas relacionadas al futuro de nuestro país, especialmente ante las propuestas en el contexto electoral en el que vivimos. Una de éstas, es el ofrecimiento de mayor número de empleos y de la creación o mantenimiento de muchos programas sociales. Estos objetivos son loables y todos estamos de acuerdo en que es necesario mejorar la calidad de vida de las personas que conforman nuestra sociedad. Como ciudadanos debemos profundizar nuestro entendimiento sobre cómo se generarán estas nuevas oportunidades y de dónde saldrán los fondos para dichos proyectos sociales. El consenso general es que se logrará fomentando el crecimiento económico, en gran parte a través de mayor inversión. Después de todo, sólo los países con crecimiento sostenible a largo plazo, control de gastos públicos, recaudación adecuada y reinversión de esa recaudación en proyectos productivos, logran un impacto positivo en la superación de la pobreza. El propósito de este escrito es ofrecer algunas ideas sobre cómo propiciar esta nueva inversión.

Antes de exponer con mayor profundidad este tema, quisiera establecer las diferencias entre gasto e inversión. Un gasto es un pago o erogación que no es posible recuperar después. Si bien el gasto puede ayudar a dinamizar una economía, generar empleo y mejorar la recaudación de impuestos, no logra un beneficio sostenible en el tiempo: el gasto se consume, se esfuma. Las buenas inversiones, por otra parte, son autosostenibles y generan un efecto multiplicador en la creación de valor.

El crecimiento económico a través del gasto público y privado, requiere de un aporte financiero recurrente, principalmente con fondos provenientes de ahorros, recaudación fiscal o mayor endeudamiento. Por otro lado, la exitosa inversión no precisa de continuos aportes, sino que una vez hecha, genera beneficios constantes como empleo, generación de impuestos, fondos para responsabilidad social empresarial y potencial crecimiento de las exportaciones. Es por todo esto, que nuestro objetivo como nación es fomentar la reducción de gastos y usar ese capital para inversiones productivas autosostenibles.

La inversión puede ser nacional o extranjera. Ambas son importantes para nuestro crecimiento económico y fundamentalmente logran lo mismo. La diferencia es que la inversión nacional es limitada por el ahorro y capacidad de financiamiento interno. La extranjera, redistribuye riqueza de otros países hacia nuestra nación, atrayendo nuevos recursos a la economía y permitiendo aun mayor crecimiento. Como popularmente decimos, "crece el pastel".

Como punto de partida, es importante que asumamos con pragmatismo tres fundamentos básicos de la inversión:

1. Los países compiten entre sí por inversión. El capital es en gran medida racional y no tiene fronteras. Si queremos tener inversión, debemos diferenciarnos de los demás países, creando condiciones más favorables para su atracción y así generar el crecimiento económico que deseamos.

2. La inversión le huye a la incertidumbre como si fuera una plaga. La rentabilidad es incluso secundaria en relación al sentimiento de confianza y certeza de que el capital invertido está "sano y salvo". Esto es evidente en el mundo entero y lo podemos observar cuando personas en el agregado, están dispuestas a comprar bonos del tesoro de Estados Unidos a treinta años, por un rendimiento nominal de sólo el 3%.

3. Nadie que invierte lo hace para perder. Es verdad que existe una enorme necesidad de contribuir activamente al mejoramiento social y económico de nuestras comunidades, a través de programas de responsabilidad social empresarial, donaciones e iniciativas de inversión social (ONGs). Sin embargo, hay que reconocer que existe una diferencia entre crear una inversión productiva que espera beneficios económicos y tener entidades sin fines de lucro. Cuando las inversiones fracasan, todo el mundo pierde: se esfuma el capital, disminuye la recaudación fiscal, se afectan proveedores y clientes, desaparecen empleos, así como programas de responsabilidad social empresarial.

En resumen, para generar crecimiento económico a través de inversión, necesitamos propiciar la rentabilidad y la seguridad de esa rentabilidad a largo plazo, y hacer esto mejor que los países con los que competimos. Para lograr esto, es importante forjar una democracia irreversible, donde la alternancia y las ideologías partidarias se mantengan dentro de un marco democrático. No hay nada que ahuyente más el capital, que el potencial de cambios radicales en la dirección de nuestra nación, como cuando se habla de refrendar la Constitución o de seguir modelos de gobiernos como el de Venezuela. En ese país, aparte de expropiaciones de propiedad privada y del cierre de decenas de empresas multinacionales, se sufre una gran inflación, devaluación de la moneda y una enorme escasez de bienes y servicios básicos. El crecimiento económico es casi nulo y la gente es cada día más pobre.

Adicionalmente, los países realmente atractivos para la inversión, poseen varias otras características que elevan su grado de competitividad. Primero, cuentan con seguridad jurídica, generándole al inversionista la confianza de que las normas y reglas con las que inició su operación, se mantendrán sin cambio. Segundo, logran un proceso de trámites ágil y fluido para las nuevas incursiones, obteniendo la reputación de que en ese país es fácil hacer negocios. Asimismo, establecen políticas en pro de la inversión, respaldan y profesionalizan a las organizaciones gubernamentales que laboran con ese fin. Algunas de estas políticas incluyen la creación de incentivos fiscales por períodos determinados, para promover proyectos nuevos en ciertos rubros. De igual forma, ofrecen fácil acceso a financiamiento con tasas competitivas. Esto es un punto importante. En nuestro caso, recordemos que aunque ha habido debate sobre las ventajas de la dolarización, ésta nos ha ayudado a bajar las tasas de interés y a eliminar el riesgo cambiario para inversiones en dólares. Para finalizar, consiguen con éxito disminuir la inseguridad ciudadana y la corrupción, dos factores que frenan el desarrollo.

Hay mucha gente que sufre por no poder cubrir sus necesidades básicas. Y, aunque hablar de los requerimientos fundamentales para generar inversiones pudiera sonar como una teoría ausente de la grave realidad que vivimos, es precisamente lo contrario. Es a través de este tipo de enfoque pragmático que lograremos los beneficios requeridos para poder tener un efecto tangible y positivo en la disminución de la pobreza. En nuestro país necesitamos un matrimonio entre tres: sensibilidad, integridad y pragmatismo. Sensibilidad, para identificarnos con la dura realidad que muchos viven; integridad, para hacer lo correcto, y pragmatismo, para hacer lo que funciona independientemente de dónde vengan las ideas y ejecutar soluciones de alto impacto, que realmente hagan una diferencia.

*Empresario salvadoreño.

Twitter:@fernandopoma