Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Flores entre la maleza

Uno de los retos más grandes para alguien intentando describir a El Salvador desde afuera es que quienes no han vivido de primera mano las cálidas sonrisas de la gente, los atardeceres en el Pacífico, el espíritu emprendedor de los que dependen de sus manos para ganarse la vida, o el corazón generoso de quienes trabajan por mejorar la realidad, pueden caer en el gravísimo error de reducir a nuestro país a las horrorosas estadísticas de los dieciséis homicidios diarios.

Y es que no deberíamos dejar que la costumbre nos robe la sensibilidad para caer en la tentación de restarle importancia a las estadísticas, que si vamos a ser coherentes con los primeros dos artículos de la Constitución, ya la pérdida de una sola vida debería pesar lo suficiente. Lo que no podemos permitir es que la oscuridad del problema nos impida ver las luces que existen y que pueden ser parte de la solución.

Para el caso, los jóvenes de la orquesta musical del Polígono Industrial Don Bosco que gracias a la dedicación del Padre Pepe, están haciendo historia. ¿Qué tiene en común uno de estos jóvenes con el ídolo internacional de la música, Plácido Domingo? La gente de afuera, que de El Salvador solo conoce sus estadísticas criminales, creería que es estúpida la pregunta. Sin embargo, a partir del lunes 27 de abril, estos jóvenes podrán presumir de haber presentado sus talentos en el Kennedy Center en Washington DC, un teatro lo suficientemente prestigioso como para haber albergado espectáculos de Plácido Domingo repetidas veces.

El hecho de que estén presentándose fuera de El Salvador y en lugares tan prestigiosos como el Kennedy Center o el Banco Mundial, es un tributo al esfuerzo y dedicación individual de cada uno de estos jóvenes, que han decidido ser flores en medio de la maleza que amenaza con reducir la percepción que sobre la juventud salvadoreña se tiene, a una sin esperanzas, sin oportunidades, y con circunstancias que los obligan a escoger entre las limitadísimas opciones de morir o matar.

Al Padre Pepe le debemos como país eterna gratitud por haber creído que en nuestra tierra, podían crecer también flores y no solo maleza. No solo tuvo la visión, sino el empuje para ejecutar de manera incansable, viendo más allá de las aguas negras que existían en la colonia Iberia donde ahora, irreconocible, se levanta el Polígono. La credibilidad generada por los visibles resultados de su obra le permitió conseguir los apoyos económicos necesarios para que esta siguiera creciendo.

Es importante que tanto quienes nos ven desde afuera como nosotros mismos recordemos con el ejemplo del talento musical de estos jóvenes que en El Salvador, el optimismo de un mejor futuro a pesar de las estadísticas, todavía no se ha vuelto una locura, pues para nuestra suerte, el Padre Pepe no está solo. Gente como Roberto Kriete, Director de la Junta Directiva de Avianca, junto con muchos más héroes anónimos del personal de la aerolínea, generosos donantes y la Embajada de El Salvador en EE.UU. hicieron, logística y económicamente, posible el viaje de estos jóvenes. Mientras existan quienes crean que es importante demostrarle al mundo que somos mucho más que las estadísticas, vale mantenerse optimista.

*Lic. en Derecho con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University.

Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg