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El final de un año crispado

Adiez días de la Navidad, vale la ocasión para centrar la atención sobre cómo anda cada quien hacia su interior, cómo anda nuestra sociedad y a qué podemos y debemos aspirar como país en el corto, mediano y largo plazos. La conmemoración del Nacimiento del Niño Jesús hace de esta época la más linda del año por la dimensión de su significado, que para ponerlo simple es ni más ni menos que el hecho que partió en dos la historia, en un Antes de Cristo (A.C.) y un Después de Cristo (D.C.). El Cristianismo le da sustento a los principios y valores que dan pie a las mejores prácticas de la cultura de la civilización occidental. De ahí deriva nuestra fe, que desde ningún punto de vista choca con la razón sino que ambas se complementan.

Por ello cabe preguntarse cómo anda cada quien en este tipo de consideraciones: ¿lucho por fortalecer mi fe? ¿Busco una relación con Dios? ¿Trato de estrecharla aún más? Cuando este tipo de preguntas existenciales llegan a la mente, corazón adentro de cada quien, se empieza a transitar por uno de los dos caminos que al final hay en esta vida, aunque nos cueste tanto a algunos llegar a empezar a darnos cuenta: el luchar para intentar vivir de cara a Dios, a pesar de nuestras propias debilidades (mayores en algunos de nosotros que en otros) o dedicarnos a vivir vida animal, que es cuando el hombre puede llegar a cometer las peores monstruosidades. Sólo con Su ayuda podemos volvernos mejores seres humanos, mejores personas.

Nuestra sociedad se encuentra agobiada y 2013 ha sido igual o peor que los últimos años pues junto a la inseguridad física que sufrimos y que con tanta claridad muestran las investigaciones de opinión publica que es para la ciudadanía el problema número uno; tenemos también la situación económica que de igual manera hace estragos al faltar oportunidades de empleo en el país. Empleos que solamente llegarán en los niveles que se requieren, con crecimiento económico sostenido en el tiempo. Pero además hemos tenido en este 2013 mucha crispación, con una larga campaña electoral y excesos en el actuar gubernamental. Lo más triste es que en nada contribuye el exacerbado mal ambiente existente a la solución de los problemas más sentidos de la gente, que debería ser tarea primordial de todo gobernante.

El cambio más importante que al final del día cada quien puede hacer para bien es cambiar uno mismo. Uno a uno que vayamos cambiando vamos volviendo al mundo un mejor mundo. Pero también se vuelve oportuno perfilar el país que queremos tanto a corto, como a mediano y largo plazos. Con elección presidencial a mes y medio, la decisión sobre quién queremos que llegue al gobierno es totalmente nuestra, es decir, de la mayoría de salvadoreños. Las opciones están sobre la mesa y, si bien democracia no es únicamente el ir a las urnas, se vuelve fundamental que lo hagamos. Que los escépticos tomen la cita de John Kennedy: "No preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregunta que puedes hacer tú por tu país".

Que este fin de año nos propicie reflexión, mucha reflexión y esperanza. Que el espíritu de la época nos traiga también tranquilidad y perspectiva, para que pueda la gente prepararse desde la perspectiva cristiana para la venida del Niño Jesús, que es lo fundamental. Pero también para que podamos recuperar la esperanza de que sí podemos salir adelante; de que es posible lograr mayores grados de estabilidad y de confianza, clave para que podamos recuperar la senda del crecimiento económico. Podemos y debemos también vivir en un ambiente más seguro, física y jurídicamente. Debemos volver a creer que El Salvador merece y puede obtener estadios superiores de superación y de progreso.

Que lo crispado que ha estado 2013 no continúe el próximo año y que, por el contrario, sea 2014 un año de ilusión y de esperanza, donde predomine la razón. Lo merecemos cada uno de nosotros, en especial para lograr mejores condiciones de vida donde las necesidades se vuelven más grandes, pero lo merece a su vez nuestro querido El Salvador.

* Director Editorial de El Diario de Hoy.