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El fin de la pita

El gobierno y el FMLN han recibido la reacción de la ciudadanía al primer año de gobierno de Salvador Sánchez Cerén, y es una de rechazo absoluto, proveniente no sólo de los que creyeron que él iba a ser un mal presidente sino también de 61 por ciento de los que creyeron que iba a ser bueno. Promediando entre los que creyeron una cosa y los que creyeron lo contrario, el 81 por ciento de la población cree que es un mal presidente.

Este resultado global resume los resultados parciales de aspectos específicos de su mandato, incluyendo seguridad, economía, el empleo, salud y educación. En todos los campos las respuestas negativas constituyen mayorías abrumadoras que incluyen la mayorías del voto duro del FMLN.

Estos resultados tan patéticos muestran el fracaso del modelo político que el FMLN adoptó hace muchos años: el manejo del partido enfocado a crear y mantener imágenes, no realidades, basadas en expertos en publicidad y comunicaciones. El modelo era ideal cuando el partido estaba en la oposición. El FMLN pintaba la situación como una en la que un grupo de oligarcas mantenía al país en problemas para poder explotarlo económicamente.

Por muchos años este modelo fue muy exitoso en términos de mantener sus votantes alineados, esperanzados en que cuando llegara el FMLN al poder todos los problemas del país se resolverían milagrosamente porque el poder estaría en manos de los buenos.

El modelo comenzó a plantear problemas cuando en el primer gobierno del FMLN el crimen, el desempleo y la pobreza aumentaron sensiblemente, y la calidad de los servicios públicos se deterioró, mientras que los impuestos y la deuda del gobierno aumentaron rápidamente, dejando a la gente peor que cuando ese gobierno empezó.

El gobierno fue tan malo que el FMLN tuvo que inventar una excusa para tratar de justificar el fracaso: que el problema era que el presidente no era de los pura sangre del FMLN, que lo que se necesitaba era un verdadero efemelenista. Y eso justificó el nombramiento de Salvador Sánchez Cerén.

Los resultados de esta ilusión que tuvieron han sido tan patéticos que deberían de llamar al gobierno y al FMLN, sus jerarquías y sus bases, a reflexionar muy seriamente sobre lo que han hecho, y sobre lo que van a hacer durante el resto de este gobierno para evitar que el país colapse en una crisis sin precedentes y, para ellos, para asegurarse de sobrevivir como partido en 2019.

Lo primero que deberían de hacer es reconocer que ya llegaron al final de la pita: que ya la leche se derramó, que ya no pueden seguir mintiendo sobre la situación del país, que ya no pueden seguir diciendo que todo está bien, que ya no pueden seguir diciendo que los problemas económicos, de seguridad, de salud y educación son inventos de los medios de comunicación o el resultado de los veinte años de ARENA. La realidad los alcanzó, y no pueden seguir pensando que con troles y con anuncios van a sustituir por todo lo que no hacen para resolver los problemas del país. La realidad les está ensañando que el mantener gobiernos de apariencias tiene un costo enorme que se paga al final, porque por estar proyectando imágenes de que están resolviendo los problemas no pueden buscar a la gente indicada para resolverlos de verdad. También les está enseñando que nombrar ignorantes en los puestos públicos sólo porque son del FMLN también es costoso porque no solo no resuelven estos problemas sino que los empeoran.

Los del FMLN tienen que familiarizarse con algo que dijo Abraham Lincoln: "Es posible engañar a la gente por parte del tiempo, y a parte de la gente por todo el tiempo, pero no se puede engañar a toda la gente todo el tiempo".

El problema que ellos tienen es que no pueden hacer nada más que engañar. El FMLN no tiene la capacidad técnica para enfrentar los crecientes problemas del país. Esa es la tragedia del FMLN. La nuestra es que en su caída nos están arrastrando a todos.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.