Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

¡Feliz Navidad!

¡La mejor época del año! Mañana será el cuarto y último Domingo de Adviento, en apenas cuatro días celebraremos el nacimiento del Hijo de Dios, nuestro Redentor, y el siguiente domingo será la festividad de la Sagrada Familia. Son fechas de alegría, de familia, de compartir con quienes menos tienen. También son días que ameritan ratos de meditación y recogimiento, para evaluarnos y decidir cómo podemos ser mejores seres humanos, especialmente si somos cristianos.

El nacimiento de Jesús es el más grande acontecimiento de la historia, al grado de haberla dividido en AC y DC (antes y después de Cristo). A pesar de ello, los cristianos estamos dejándonos dominar por quienes, tergiversando el lenguaje, intentan arrancarnos a Dios; con un inocente "felices fiestas" que sustituye al "feliz Navidad", vamos desdibujando al Divino Niño en la sociedad, en nuestra casa y, posteriormente, en nuestras vidas. Nos avergüenza expresar alegría y gratitud por el Nacimiento de Jesús; escogemos ser "políticamente correctos" antes que cristianos.

He sido reiterativa señalando cómo el lenguaje determina nuestras conductas y actitudes. Posiblemente lo consideren exagerado, pero cada quien encontrará ejemplos de cómo, cambiando las palabras que utilizaba, también cambió su forma de ser, para bien o para mal. Lo dice Frank Outlaw: "Vigila tus pensamientos, se convierten en palabras. Vigila tus palabras, se convierten en acciones. Vigila tus acciones, se convierten en hábitos. Vigila tus hábitos, se convierten en carácter. Vigila tu carácter, se convierte en tu destino". De allí que cambiar el significativo saludo navideño por un insípido "felices fiestas", podría ser un primer paso para erosionar nuestra fe.

"Durante muchos años celebrábamos la Nochebuena en la finca, en las faldas del volcán, solos con nuestros abuelos, pocos regalos, el árbol iluminado con candelas de verdad, pascuas silvestres, un precioso Nacimiento con los personajes principales, una rica cena. La noche, estrellada y silenciosa, únicamente con los sonidos de la naturaleza, nos invitaba a reflexionar en el significado de esta fiesta, de la vida y la unión familiar". Así describe una queridísima amiga las navidades de su infancia. Así lo fueron para mi generación.

¿Cómo es ahora? Complicaciones materiales elevadas al cubo (compras, regalos, fiestas, etc.) y espiritualidad reducida casi a cero. Y nos quejamos de cómo están las cosas, sin reconocer que no mejorarán mientras no volvamos al origen: somos hijos de Dios y, como tales, debería ser nuestra conducta.

No podemos regresar al siglo pasado, pero sí podemos retomar las prácticas religiosas y espirituales, tan ricas, que nuestra fe nos proporciona: encender mañana las 4 velas de la corona de Adviento, contemplar juntos el nacimiento del Divino Niño en la Noche Buena, asistir con gran devoción a la Misa de Navidad y dar gracias a la Sagrada Familia por todas las bendiciones que los nuestros reciben, día a día, por voluntad de Dios.

Además, el 28, día de los Santos Inocentes, será la marcha "Familia, santuario de la vida". Dios bendiga a quienes defienden lo verdadero: el respeto a la vida, desde su concepción hasta su final natural, la familia nuclear (padre, madre, hijos) y el matrimonio constituido por un hombre y una mujer.

Vivamos plenamente estos acontecimientos y terminemos el año con gratitud, acumulando fuerzas, buenos propósitos y optimismo para que 2014 traiga bendiciones para nuestro país y para cada familia salvadoreña.

¡Feliz Navidad!

*Columnista de El Diario de Hoy.