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¡Feliz Año Nuevo 1989!

El mundo entero se dio cuenta de que el comunismo era una doctrina muerta en 1989 con la caída del Muro de Berlín. Latinoamérica ha comenzado a comprender en diciembre de 2014 que esto sucedió. Veinticinco años después.

El entendimiento no penetró como resultado de una reflexión sobre lo que había pasado en 1989 --reflexionar es un verbo apenas conjugado en la realidad latinoamericana. Para que el mensaje penetrara fue necesario que la historia se volviera a repetir, pero al nivel nuestro, con los comandantes que arriban en Mercedes súper-lujo para hacer declaraciones diplomáticas vestidos con trajes de combate, con la inserción de jadeos en el hablado para sugerir que las declaraciones mismas son parte de gestas heroicas realizadas por gente que vive apoltronada en La Habana mientras el pueblo cubano muere de hambre, con los anuncios de victorias que son reconocimientos de derrotas, con las barbas y los eslóganes y las cursilerías-- con todo eso que en el resto del mundo se mira ya arcaico y ri- dículo, como recuerdos lejanos de lo más vergonzoso del Siglo XX.

La renovación de las relaciones Cuba-Estados Unidos es la versión latinoamericana de los anuncios de Gorbachev abriendo la economía soviética a relaciones más estrechas con los países capitalistas. En ese momento, el mundo entero comprendió que esto lo que anunciaba era que el comunismo estaba muriendo, y que lo estaba haciendo debido a su profunda destructividad y corrupción internas. El comunismo quedó relegado al archivo de las ideas absurdas que los tiranos de la historia han usado para esclavizar a los pueblos.

El hecho que sólo quedaran dos excepciones –Cuba y Corea del Norte– enfatizó la muerte del comunismo. Los países que aspiraban a ser serios lo habían abandonado. Sólo sobrevivía en dos países manejados por dictadores hereditarios, que siempre les ha gustado disfrazarse y que viven en medio de ambientes operáticos con discursos interminables, grandes gritos, pretensiones de importancia, y total incompetencia productiva. Un poco tardíamente, Venezuela se sumó a este par, aunque sin declararse comunista sino Socialista del Siglo XXI.

Más que de ópera, estos regímenes son de opereta. Eso los vuelve objeto de risa, excepto por la represión que ejercen sobre sus pueblos, que es muy real y sangrienta. Pero en América Latina hay mucha gente que vive de este circo, de esos gritos, y de esas posturas, que creen que esos aspavientos son importantes, y que ellos son lo que determinan el destino del mundo. Esta gente siguió tomando en serio a Cuba y sus alaridos anti-Estados Unidos y anti-capitalistas. Y mucha otra gente ha aprovechado esto para promoverse al poder y vivir, como los de La Habana, confortablemente mientras el pueblo sufre cada vez más.

Ahora le llegó el momento a Cuba, y Latinoamérica está viviendo su 1989. Como sucedió con la Unión Soviética, ahora se ha vuelto claro para todos que Venezuela y Cuba son improductivos. Sus ideologías destruyeron toda su capacidad productiva hasta el punto que dependían totalmente del petróleo venezolano durante el boom de la última década. Ahora que este boom terminó, se ve claramente lo profunda que fue esa destrucción.

Algunos quieren tapar con la grotesca retórica del siglo pasado lo que ha sucedido, y dicen que la renovación de las relaciones Estados Unidos-Cuba es un triunfo de los cubanos, de la revolución, de la sangre y fuego que brotan de las venas abiertas de la América Latina y que están inscritos como en piedra en las rocas que dicen revolución o muerte y en los volcanes que surgen como géiseres para gritar ¡Qué Viva Fidel!…y que América …y que…y…

Pero ya los que viven de explotar al pueblo ya no pueden tapar con palabras huecas los hechos incontrovertibles. Cuba ya no puede vivir de gritar "¡revolución!" mientras el pueblo se muere de hambre. Tiene que trabajar. Ya la Unión Soviética y Venezuela no pueden mantenerla para que los Castro sigan en sus mecedoras. Al fin, Cuba y América Latina están comprendiendo al fin, con 25 años de atraso, que el comunismo está muerto. ¡Feliz Año Nuevo 1989, América Latina!

* Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.