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"Felices fiestas", no. "Feliz Navidad", sí

Recibimos una visitante del extranjero a inicios de noviembre, quien comentaba, sorprendida, cómo en todas partes había ya arreglos navideños y anunciaban no sólo "Black Friday" sino también "pre Black Friday", copiando lo que hacen en USA, pero con exageradísima anticipación. Creí que mi percepción de que nuestra época navideña comienza cada vez más temprano era efecto de mi avanzada edad, pero ese comentario me comprobó que es una triste realidad.

Triste, digo, porque hemos convertido la Navidad en un maratón de ofertas, gastos y complicaciones, olvidando su verdadero significado. Tal vez a otras personas les sea indiferente, pero a mí me ofende cuando nuestros canales de televisión y anunciantes en diversos medios, nos desean "felices fiestas", un saludo muy adecuado cuando celebramos las fiestas patronales de cada lugar, pero no cuando se trata de la Navidad, cuya celebración se fundamenta, precisamente, en el Nacimiento de Jesús, nuestro Redentor. Pongo como ejemplo una excepción que confirma la regla: la publicidad de Almacenes Simán, en la que año con año destacan la imagen de la Sagrada Familia en el pesebre.

Además de su sentido religioso, la Navidad es también una oportunidad para desprendernos, aunque sea momentáneamente, de todas las bajezas que nos rodean; es un tiempo para dedicarnos con mayor esmero a nuestros seres queridos, escribiendo a los que están lejos, compartiendo con quienes están cerca y orando por los que ya partieron. Es la época de la añoranza, pero también de la esperanza; de ver hacia el futuro, pero también de contemplar nuestro interior; tiempo de planificar, corregir, soñar, comprender, perdonar. Tiempo de contemplar el Nacimiento de Jesús.

No permitamos que la Navidad se deforme, convirtiéndose en algo totalmente diferente de lo que realmente es. Y, ¿qué es la Navidad? Su verdadero sentido lo describe una preciosa tarjeta que recibí de una querida compañera de colegio, que recoge bellamente las expresiones del Papa Francisco así:

"Navidad eres tú, cuando naces de nuevo cada día y dejas entrar a Dios en tu alma. Eres esa luz de Navidad cuando iluminas el camino de otros con bondad, paciencia, alegría y generosidad. El pino de Navidad eres tú cuando resistes vigoroso las dificultades de la vida. Los adornos de Navidad eres tú, cuando tus virtudes son colores que adornan tu vida. Las campanas de Navidad eres tú cuando llamas, congregas y unes. Los ángeles eres tú, cuando conduces a los demás al encuentro del Señor. La tarjeta de Navidad ere tú cuando la bondad está escrita en tus manos. El regalo de Navidad eres tú cuando eres verdaderamente amigo y hermano. La cena de Navidad eres tú cuando sacias de pan y de esperanza al pobre que está tu lado. En Navidad se nace cuando damos lo mejor sin importar a quién. Tú eres la noche de Navidad si, humilde y consciente, con paz interior, recibes con ternura al Salvador del Mundo, estableciendo el reino de Dios dentro de ti."

¡Eso es la Navidad! Esa es su belleza, su alegría, su valor infinito. No la busquemos en donde no está, en las parrandas, en la suntuosidad, en las compras, en las ofertas o en los excesos. Busquémosla en cada uno de nosotros. La Navidad, como dice el Papa, "eres tú".

¡Feliz Navidad y que Dios Niño cubra de infinitas bendiciones a El Salvador!

*Columnista de El Diario de Hoy.