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Familia, manipulación y Overton

La Suprema Corte estadounidense declaró legal el "matrimonio" homosexual en todos los estados de ese país. Y, mientras la minoría LGBTI celebra delirante, el resto de la humanidad llora el futuro que le espera, si semejante abominación se generaliza. Porque, nos lo dice la historia: las grandes civilizaciones antiguas fueron destruidas no por obra de los ejércitos que las invadieron, sino porque se depravaron en tal manera, que no pudieron hacer frente a sus enemigos. El vicio, la corrupción, lo antinatural les destruyó desde sus mismas entrañas, de modo que fueron presa fácil para sus conquistadores.

Benedicto XVI denuncia el relativismo, permanentemente, como el mal de nuestra era, debilitándonos peligrosamente. Así, hechos repudiables se han convertido en "normales", mediante un lenguaje "políticamente correcto" que minimizan la gravedad de muchas circunstancias. El mal se vuelve inicialmente tolerable para terminar siendo aceptable, gracias a programas televisivos y campañas mediáticas que trastocan el orden natural y correcto de las cosas. Y bebemos, sin percatarnos, el veneno que terminará por aniquilarnos.

¿Recuerdan aquellos programas que mostraban situaciones divertidísimas dentro de familias constituidas por padre, madre e hijos que se amaban, colaboraban, estudiaban y trabajaban juntos? Repentinamente, todo cambió: los padres fueron los malos de la película y sus hijos las pobres víctimas que, impedidas de tener sexo cuando quisieran, se traumaban, convirtiéndose en inadaptados y delincuentes. La promiscuidad se volvió "terapéutica".

Además, siendo victimizado por una esposa cruel, el padre encontraba refugio en una amante sacrificada. El adulterio "se honró". Luego, llegaron unos homosexuales simpáticos, llenos de virtudes, y se convirtieron en "gays". Así asaltaron nuestros hogares, a través de la pantalla del televisor, convirtiendo en normal lo que es absolutamente antinatural. Y el aborto pasó de asesinato a "derecho a decidir". Y el sexo biológico fue sustituido por el "género".

Y, como somos tolerantes y no discriminamos, aceptamos todo lo anterior. "Qué tiene de malo", dijimos. ¡Grave equivocación! Porque así se destruye la familia.

Sor Lucía, la vidente de Fátima, profetizó que: "El enfrentamiento final entre Dios y Satanás es sobre familia y vida". Y, como lo expresó ella misma y lo repitió San Juan Pablo II, la razón es "porque la columna que sostiene la Creación, es la verdad sobre la relación entre el hombre y la mujer y entre las generaciones. Si se toca la columna central, cae todo el edificio".

¿Cómo llegamos a esto? Mediante una técnica manipuladora: la "Ventana de Overton".

Joseph Overton, politólogo norteamericano, creó y desarrolló una teoría y metodología según la cual es posible lograr que cualquier persona se acostumbre a conceptos considerados totalmente inaceptables. No es un lavado de cerebro, sino ir borrando la percepción del bien y el mal (relativismo, ¿recuerdan?) mediante acciones concretas. Así, una idea inaceptable se discute, propaga, defiende y, finalmente, se impone legalmente. Logra que una idea éticamente inconcebible y repugnante a la moral pública sea masivamente aceptada, legalizada y asimilada por la conciencia social.

Eso, exactamente, nos ha sucedido: no hay fronteras entre el bien y el mal, valen igual. Y la criminalidad, corrupción, degradación, inmoralidad y falta de humanidad, crecen exponencialmente, pero no reconocemos que esa podredumbre radica en nuestra falta de VERDADERAS FAMILIAS.

Lancémonos valientemente a proteger, promocionar y defender a la familia tradicional. Es nuestro deber y, además, de ella depende la sobrevivencia de la humanidad.

*Columnista de El Diario de Hoy.