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La falta de empatía en los funcionarios de seguridad

Los más fervientes admiradores de funcionarios públicos y leales defensores del oficialismo, podrían argumentar que los burócratas tienen derecho a celebrar las festividades de fin de año y usar las redes sociales como mejor les parezca

Ya pasaron cinco años desde aquel indignante brindis protagonizado por Mauricio Funes y Manuel Melgar en el cuartel central de la Policía. Fue en diciembre del 2010 que el entonces mandatario y su ministro de Justicia, aparecieron en la primera plana de los rotativos, levantando sus copas celebrando el fin de año en las instalaciones policiales como que si el desempeño del aparato de seguridad diera razones para festejar. Evidentemente, las prioridades de Funes, y de todos los funcionarios que desfilaron en el puesto que ostentó inicialmente Melgar, nunca estuvieron en el orden correcto. Los intereses de la ciudadanía nunca ocuparon un lugar privilegiado en sus mentes. Si hubiese sido así, su respeto por las personas afectadas por la criminalidad nunca habría permitido salir públicamente festejando, demostrando la ausencia total de empatía por el sufrimiento de las víctimas y sus familiares. 

El mal gusto de ese brindis es similar al que muchos experimentamos cuando vemos en las redes sociales a altos jefes policiales pajarear cuando hay tanto que hacer. Howard Cotto, el subdirector de la PNC, responsable de la operatividad policial a nivel nacional, por ejemplo, utiliza su cuenta de Instagram para subir fotos que me imagino piensa tienen algún rasgo artístico. Cuando critiqué esto hace unos meses, una persona vinculada al jefe policial, me reclamó y argumentó que Cotto tenía derecho a descansar y, en su tiempo libre, subir las imágenes que quisiese a las redes sociales. 

Claro, el subdirector puede hacer lo que quiera, pero existe una abismal diferencia entre lo que puede hacer y lo que debe hacer. El responsable de la parte operativa de la PNC, con 20 homicidios diarios, no debiese de tener tiempo libre para gastar en cosas tan triviales y egoístas como tomar fotografías “artísticas” y subirlas a redes sociales para esperar un “me gusta” de sus seguidores. El solo hecho que sienta la necesidad de hacerlo es suficiente para cuestionar su idoneidad para tan importante puesto.
 
Igual que el brindis de Funes y Melgar, el que un jefe policial tan importante dedique tiempo a cosas tan mundanas de forma tan pública, manda un pésimo mensaje a los salvadoreños. Tácitamente indica que, para el funcionario, hay momentos en que cosas insignificantes tienen mayor valor que las víctimas de la criminalidad. Es como que si se visitara un banco y uno de los cajeros dejara de atender a la gran fila de clientes para tomarse fotos y subirlas en Instagram. Este tipo de actitud despertaría una ola masiva de reclamos en el instante. Más de alguno de los de la fila no escondería su descontento y reclamaría en voz alta la falta de consideración y profesionalismo del cajero. Ese mismo mal sabor que deja esa situación, multiplicado por un millón, es lo que producen las actuaciones desatinadas como las de Funes, Melgar y Cotto.

Los más fervientes admiradores de funcionarios públicos y leales defensores del oficialismo, podrían argumentar que los burócratas tienen derecho a celebrar las festividades de fin de año, tener tiempo libre y usar las redes sociales como mejor les parezca. Por supuesto, El Salvador aún es un país libre y pueden hacer lo que les plazca. No obstante, al ser funcionarios públicos, su responsabilidad más importante es para con la ciudadanía. Jamás deben de sobreponer sus intereses sobre los de la sociedad, mucho menos hacerlo de forma tan pública. Esta debería de ser una regla de dedo tan clara, presente y universal como lo es “el cliente siempre tiene la razón” en la empresa privada.
 
Tanto los salvadoreños como nuestros funcionarios debemos entender que el servicio público debe estar sujeto a un nivel de escrutinio y exigencia más elevado que cualquier actividad del sector privado. Hasta que internalicemos y practiquemos esto, sin dejarnos llevar por emociones o intereses particulares, seguiremos teniendo funcionarios incompetentes, parcializados y egocéntricos. 

*Criminólogo.@cponce_sv