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La falsa promesa de la "meritocracia"

Cuando el presidente Mauricio Funes ganó las elecciones en 2009, sorprendió sobremanera a la mayoría de salvadoreños con su discurso de toma de posesión, ya que enérgicamente aseguró que su Gobierno se basaría en lo social y que las contrataciones las haría en base a la "meritocracia", de modo que dejaría el clientelismo y la cueva de plazas fantasmas que había traído arrastrando ARENA en los veinte años de administración.

En aquel momento elogié la acción del presidente Funes y dije: ¡Al fin un presidente que tiene los pantalones!, para despedir a todos los aprovechados y haraganes que trabajan en el Gobierno (aclaro no todos, ya que hay funcionarios honestos y trabajadores), que sólo llegan por su cheque pero jamás han realizado las tareas para las cuales han sido contratados. Sin contar con todos aquellos funcionarios y empleados públicos que fueron contratados por cuello, pero que carecen de las competencias necesarias para el desempeño de sus funciones.

Creo que el sentir popular en aquel contexto fue de alegría ¡Se acabó la vida buena para todos estos malacates que han ordeñado la cosa pública! Sin embargo esta meritocracia del presidente Funes se refería a las contrataciones que se harían por su mano y para los empleados y funcionarios públicos que cobraban sin trabajar y para aquellos que se les asignaba una jefatura con salarios altos, pero no sabían ni pepa del puesto, de modo que cargaban a sus colaboradores que posiblemente estos sí tenían las credenciales para desempeñar esa función, incluso con menor salario.

Pero no eran tomados en cuenta en virtud que no tenían sangre de origen noble, como un apellido raro o por haber nacido pobres, lo cual los imposibilitaba pertenecer a la cúpula partidaria y por ende acceder a una mejor plaza en el Gobierno. Todos estos atropellos son los que dijo el presidente Funes que detendría por medio de la meritocracia.

Pero a la luz de la realidad qué se entiende por "meritocracia", quizá lo que oímos la mayoría de salvadoreños en el discurso del primer día de Gobierno del FMLN, no fue la meritocracia sino la partidocracia. Porque la meritocracia se refiere a aquellos sistemas políticos donde se accede a los cargos de poder público, no por el nacimiento o la riqueza, sino por los méritos.

En las sociedades industrializadas y avanzadas, esos "méritos" se refieren en principio al desarrollo de la inteligencia y de los conocimientos, a las capacidades intelectivas evidenciadas y sancionadas por un sistema escolar, base indispensable (pero no suficiente) para tener acceso a la clase dirigente e iniciar luego un "cursus honorum", basado en el desempeño de cargos de creciente importancia, hasta donde lleguen las posibilidades evolutivas y la combinación de circunstancias de poder.

El planteamiento meritocrático, necesariamente emparentado con la tecno burocracia, ha merecido juicios favorables ya que implica un justo reconocimiento de los méritos acumulados, a partir de una base de igualdad de oportunidades. Pero también juicios negativos que niegan que sea real tal igualdad de oportunidades o hacen notar que de ese modo se produce una clase dirigente totalmente ajena a los valores y sentimientos del grueso de la población.

Lo que ha ocurrido en los últimos cuatro años de Gobierno del FMLN, que se planteó una meritocracia, es una partidocracia mezclada con amigocracia. Puesto que se tiene un Ministro de Trabajo sin credenciales académicas y consecuentemente carece de habilidades para el desempeño de tan honorable función, o qué se podría decir de la ex vicepresidenta de la junta directiva de INSINCA-CORSAIN, que la única credencial que tenía es que es cosmetóloga; no tengo nada con esa labor tan importante, pero como dice el adagio zapatero a tu zapato.

De modo que este país necesita más académicos, y mujeres, pero que sean capaces de transformar el país con ideas y no con ideologías.

*Catedrático de la Universidad Francisco Gavidia . Colaborador de El Diario de Hoy

@JaimeRamirezO