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La falsa dicotomía

La dicotomía que el pueblo salvadoreño confrontará en las elecciones del 2018 y 2019 no es entre los gobiernos que dan prioridad al desarrollo social y los que no. 

El gobierno se queja amargamente de que “la derecha” quiere darle un “golpe suave” para evitar que tenga la oportunidad de un tercer gobierno del FMLN porque no soporta ver que este gobierno siga dando prioridad a los objetivos sociales para eliminar la pobreza y que siga aumentando los impuestos para pagar por esta prioridad.  

Estas afirmaciones son un trastrocamiento de la verdad.  Que la oposición trabaje para ganar las elecciones del 2018 y 2019, y por tanto negarle al FMLN la oportunidad de gobernar por tercera vez desde el Ejecutivo, es una manifestación de un derecho inalienable de la población de participar en política y votar en elecciones libres, parte fundamental de la democracia que nuestra Constitución establece en nuestro país.  
El gobierno y el FMLN también miran como “golpistas” a los ciudadanos y funcionarios que obligan al gobierno a que se comporte de acuerdo a lo que manda la Constitución.  Así, el gobierno ha insinuado varias veces que la Sala de lo Constitucional es parte de una conspiración contra el gobierno porque ha emitido sentencias orientadas a forzar al gobierno a gobernar constitucionalmente. El gobierno y el FMLN quieren hacer sentir a la población que pensar distinto al gobierno o hacerle oposición política convierte a una persona en “golpista”.  

Sólo los tiranos miran el derecho a elegir libremente a los gobernantes como un atentado contra el país o contra el gobierno.  El atentado contra la democracia sería bloquear el proceso eleccionario acusando de “golpistas” a los que quieren que el gobierno se comporte conforme a las leyes y a los que quieren elegir libremente a sus gobernantes.
 
Pero el trastrocamiento de la verdad no termina allí.  No es cierto que los gobiernos del FMLN hayan dado prioridad a los objetivos sociales, y tampoco que hayan reducido la pobreza en el país.  Al contrario.  Los indicadores sociales nunca han estado peores que bajo estos dos gobiernos: nunca han faltado tantas medicinas, nunca han estado peor las escuelas, nunca ha estado peor la seguridad, nunca han estado peores los servicios públicos en general.  

Ciertamente que el gobierno está gastando más en casi todos los rubros, que ha aumentado los impuestos y la deuda del país para financiar esos gastos, y que alega en sus carísimas campañas de publicidad que lo hace para beneficiar a la ciudadanía y especialmente a los pobres.  Pero uno solo tiene que vivir en el país para saber que las cosas se han deteriorado en todas las dimensiones durante los años del FMLN.  La medida más comprehensiva de la situación social, la pobreza, ha aumentado sustancialmente durante los mandatos del FMLN.  Se gasta más, y todo está peor.  Eso es doblemente malo.
 
Ciertamente que hay una resistencia a pagar impuestos en el país, como la que existe en todos los países.  Pero esa resistencia se vuelve peor cuando se vuelve evidente que el presupuesto está siendo usado de una manera populista, no para beneficiar a la ciudadanía y mucho menos para beneficiar a los pobres.
 
Es cierto que el desarrollo del capital humano que es esencial para el desarrollo del país es caro, y que nadie más sino nosotros mismos debemos pagarlo.  Es necesario mejorar la educación y la salud de la gente, proporcionarle seguridad y las condiciones necesarias para tener una vida útil.  Pero los gobiernos del FMLN no solo no han avanzado en estas tareas sino que han retrocedido y, aun más, han vuelto más difícil que gobiernos posteriores logren que el país avance en ellas.  Endeudando al país y cobrando más impuestos estos gobiernos han contratado enormes cantidades de gente incompetente que luego será difícil reemplazar con gente capaz.  Han creado desperdicio y lo han perpetuado.  

La dicotomía que el pueblo salvadoreño confrontará en las elecciones del 2018 y 2019 no es entre los gobiernos que dan prioridad al desarrollo social y los que no.  Todos los candidatos deben dar prioridad al desarrollo social, que es sinónimo con el desarrollo económico en la economía del conocimiento.  La dicotomía debe ser entre la incapacidad y la capacidad.  ARENA tiene que trabajar duro para poder presentar esta disyuntiva a los electores.

*Máster en Economía,
Northwestern University.
Columnista de El Diario de Hoy.