Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Extrapolando Brooklyn Nine-Nine

a tecnología, hoy día, permite que amantes de los filmes y las series televisivas puedan acceder con relativa facilidad a las temporadas enteras de sus programas o sagas cinematográficas favoritas. He presenciado cuando familiares, amigos y conocidos han sucumbido ante los encantos de los DVD o los servicios de transmisión por Internet en tiempo real, y han tomado la inamovible decisión de reservar una noche o hasta fines de semana enteros para acomodarse y disfrutar de ininterrumpidas maratones de sus películas y series predilectas. La anticipación y concurrencia de los cada vez más comunes festivales Comic-Con en el país, evidencian cómo los salvadoreños progresivamente favorecemos y buscamos la ficción para entretenernos.

La secuencia de actividades que constituyen el ritual en anticipación a una de estas sesiones, llena el ambiente de algo indescriptible, intangible y, a la vez, familiar y agradable, muy parecido a esa sensación a la que hacemos alusión todos años con la frase "ya huele a Navidad". Ciertamente, no todas las producciones tienen el potencial de producir la suficiente expectativa que genere esta peculiar vibra.

Cada vez es más difícil encontrar el tiempo para desconectarse una noche o un domingo y disfrutar sin remordimiento de estas largas jornadas o permanecer completamente atento, sin que la mente divague a las responsabilidades cotidianas y asuntos relacionados con el trabajo. Recientemente, sin embargo, todas las estrellas se alinearon y pude disfrutar, bajo esta modalidad, de una nueva serie televisiva que me recomendaron y que me parece relevante analizar en este espacio: Brooklyn Nine-Nine.

Esta refrescante comedia gira alrededor del trabajo y las vidas personales de un grupo de policías neoyorquinos asignados al distrito noventa y nueve de Brooklyn. La satírica y graciosa perspectiva desde la que se proyecta el trabajo policial del Departamento de Policía de Nueva York, llena de personajes humorísticos un entorno que tradicionalmente es matizado desde un enfoque en exceso serio e institucional.

El caricaturesco Andy Samberg interpreta al intrépido detective estelar Jake Peralta, quien lidera un elenco de graciosos, pero muy capaces detectives en entretenidas y simpáticas tramas. Esto es lo que lo hace precisamente tan relacionable a la realidad.

Resulta difícil describir la convivencia al interior de una unidad policial. La mayoría la imagina con la seriedad y formalismo con que se pinta en gran parte de películas y series, con personal uniformado que apenas interactúa, luce expresiones faciales poco amigables y cuando abre la boca es para articular uno de tantos clichés reciclados infinidad de veces por diferentes actores. Aunque existen momentos tensos y revestidos de procedimientos y protocolos, la realidad cotidiana, sin embargo, es muy parecida a la que se estampa en Brooklyn Nine-Nine.

La explicación ante esta aparente irracional discrepancia entre lo real y lo que generalmente se proyecta en Hollywood, es simple: esos estereotipos de detectives y policías uniformados excesivamente agresivos, rudos, solitarios y amargados, a pesar de resultar atractivos para los protagonistas principales de películas y series, en la vida real son los que no logran ser exitosos, los que son excluidos por la mayoría. Los mejores policías, como en cualquier otra profesión, son amigables, chistosos, joviales y ocurrentes. Los rasgos de sus personalidades que los hacen así, son los mismos que les proveen de las herramientas que necesitan para desempeñarse bien en su trabajo.

Las ocurrencias de Jake Peralta y su equipo me recordó varias historias, personajes y situaciones graciosas que he tenido la oportunidad de compartir en el interior de sedes policiales. La mayoría de policías, los buenos policías, son más similares a Peralta y sus amigos, que a los que protagonizan los episodios de la Ley y el Orden o CSI. Esos, regularmente, no auguran buenas cosas.

*Criminólogo.

@cponce_sv