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¿Extorsión como negocio familiar?

La pobreza y miseria probablemente son factores contributarios pero la causa primaria del pandillerismo en la ausencia de valores y buenos sentimientos

En la modalidad de extorsión como negocio de familia, que se observa en determinadas viviendas en zonas dominadas y controladas por pandillas, todos los miembros participan activamente. El pandillero que se encuentra confinado en un reclusorio continúa dando órdenes con su teléfono celular sobre a quienes extorsionar, cómo llevar las cuentas de la recaudación, contactar sicarios para darle “chicharrón” a determinadas personas, etc. En otras palabras el pandillero encarcelado se las ingenia para darle continuidad a sus actividades.

Mientras la madre realiza labores de vivandera, organiza las visitas íntimas e intenta por todos los medios introducir objetos ilícitos al interior de los penales hasta que lo logra, lo que incluye además de teléfonos, chips, drogas y dinero, utilizan los niños en tareas de cobro de extorsiones, transporte de drogas y mensajería amparados en su impunidad. En algunas urbanizaciones con alta presencia de pandillas son usados como vigilantes apostados en lugares estratégicos o bien patrullando en bicicleta, a veces con fachada de vendedores de pan, con el propósito de dar la alarma en caso de que se inicie un operativo policial.

Existen muchos ejemplos de niños capturados en flagrancia en actividades delincuenciales y cuando los progenitores llegan a reclamarlos a la PNC, sistemáticamente insultan a los miembros de la corporación, jamás aceptan que sus inocentes angelitos andan en malos pasos aun cuando se les muestran las drogas y armas que les fueron requisadas. A los jóvenes mayores les asignan tareas que requieren de mayor esfuerzo como narcomenudeo en lugares determinados, vigilancia de personas que hacen denuncias a la PNC, dar seguridad a los menores encargados del cobro de extorsiones, sicariato, etc.

Las ideas más generalizadas sobre las causas del pandillerismo en el medio salvadoreño apuntan hacia la pobreza y miseria como los factores más importantes; sin embargo, lo que se observa en la práctica es que el joven campesino con escasa educación que no quiere trabajar la tierra pero que desea dinero rápido, sin estudiar por largos años y sin fregarse mucho, cae rápidamente en el pandillerismo.

Otro tanto ocurre con los jóvenes que no estudian ni trabajan de zonas periurbanas y suburbanas de familias de escasos recursos, en donde hay ausencia completa de adultos responsables que los guíen, a lo que se agrega la ambición desmedida por ropa y zapatos de marca, electrodomésticos, TV plasma y al menos una motocicleta, que también caen en el pandillerismo creyendo que se les abre un horizonte de abundancia y “buen vivir”.

Si bien en el medio salvadoreño abundan el desempleo y subempleo, la escasez de oportunidades para adquirir independencia económica, los salarios de hambre y otras calamidades que afectan principalmente a las familias de escasos recursos, los jóvenes con personalidad dentro de los limites normales que saben diferenciar lo bueno y lo malo, que cultivan buenos sentimientos y tienen escrúpulos, se rebuscan en la microempresa, en el comercio informal, cultivan la tierra al menos para sacar el sustento y en último caso emigran aunque arriesguen la vida en el intento. En efecto no todos los jóvenes en condiciones de pobreza se inclinan por la delincuencia ni todas las jóvenes se lanzan a la prostitución.

De lo dicho se desprende que la pobreza y miseria probablemente son factores contributarios pero la causa primaria del pandillerismo en la ausencia de valores y buenos sentimientos, calor de hogar, adultos responsables que guíen a los niños en sus primeros años y naturalmente en sentido de pertenencia a una familia.

El pandillerismo es apenas un síntoma de una sociedad enferma ya que existen otras manifestaciones tales como lanzar basura al suelo, parques, quebradas, ríos y lagunas. La violencia irracional producida por la intolerancia, la conducta abusiva y descortés del conductor promedio y la corrupción y animalada del chucho fundamentada en “si no lo hago yo lo va hacer otro”.

*Doctor en Medicina.
Colaborador de El Diario de Hoy.