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La extensión de los vicios gubernamentales

La desastrosa gestión del Gobierno de Mauricio Funes, hereda al país graves problemas en diferentes áreas críticas para el desarrollo social y económico. Gracias a Funes y al mal desempeño de su equipo de trabajo, el estribillo de la campaña del partido oficial que hacía alusión a profundizar los "cambios" iniciados por el polémico mandatario, fue interpretado por muchos como una clara promesa de amplificar aún más la incapacidad exhibida por importantes funcionarios durante el último quinquenio. Ahora que el FMLN ha sido declarado ganador de los comicios, tiene una oportunidad para demostrar que no caerá en los mismos errores y vicios que en su primer gobierno.

Aunque hasta el momento no existe un detalle oficial de quiénes conformarán el nuevo gabinete, el equipo de transición nombrado por Sánchez Cerén, compuesto por desgastados dirigentes de antaño del partido oficial, no transmite un mensaje alentador. Al contrario, la selección de los integrantes de este equipo da la impresión que, en el nuevo Gobierno, la meritocracia añorada por los salvadoreños será desplazada de nuevo por intereses, favores y objetivos políticos y partidarios. Los puestos, se puede inferir, podrían ser repartidos entre simpatizantes, militantes y dirigentes del FMLN, sin que necesariamente tengan el perfil adecuado para desempeñarse excepcionalmente (como lo exige la situación en la que el mandatario saliente ha dejado al país).

Esta no es una práctica exclusiva de la izquierda o de la derecha, es un vicio muy seductor ante el que sucumben los políticos (sin importar su ideología) y al que se le puede atribuir, en muchas ocasiones, el mal desempeño de instituciones públicas. Gran parte de la crisis delictual que deja Funes deriva de la falta de criterio técnico de los ministros de Justicia y Seguridad Pública que nombró durante su gestión. No tener la trayectoria, formación o conocimiento que les permitiera conocer la dinámica criminal y el sistema de justicia penal, evitó que formularán y ejecutaran políticas integrales, exitosas y sostenibles para controlar la criminalidad. También no dejó que dimensionaran las consecuencias de sus desaciertos. Todos, sin excepción, en un momento determinado de su gestión denotaron un favorecimiento desmedido de lo político en detrimento de lo técnico.

La actual situación crítica que experimenta la seguridad pública de nuestro país, evidencia de forma clara y fehaciente las nefastas y delicadas consecuencias que puede conllevar el nombramiento de personas por afinidad política o personal, y no por capacidades. El Gobierno de Funes, a pesar de haber destinado más dinero a la seguridad pública que cualquiera de sus predecesores, ahora hereda a su sucesor estructuras criminales más sofisticadas y poderosas, involucradas en patrones delincuenciales más complejos y rentables. Además, deja el aparato seguridad gubernamental más deteriorado, erosionado, debilitado y corrupto. La criminalidad es ahora menos visible, pero más organizada y las autoridades tienen menos capacidades para combatirla.

Independientemente de cuál sea al final metodología de selección que empleará Sánchez Cerén para conformar su gabinete, es necesario considerar que para contener o revertir las consecuencias derivadas del mal manejo de instituciones públicas, es indispensable la formación y/o potenciamiento de contrapesos en la sociedad, que tengan la suficiente capacidad para generar un impacto significativo. El volumen, alcance y contenido de posiciones adversas constructivas, puede contribuir a reorientar malas gestiones en una dirección correcta. El fortalecimiento, organización y direccionamiento de sectores y de la oposición política son elementos esenciales que pueden ayudar a que las crisis heredadas por el primer Gobierno del FMLN no se agudicen en el segundo.

*Criminólogo

@cponce_sv