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Exhortación al partido ARENA

Pensé que este lunes 10 de marzo amaneceríamos con presidente electo. No ha sido así. Hoy amanezco con un profundo dilema moral y emocional ante lo sucedido el domingo. Me preocupan las palabras incendiarias que todos escuchamos. Igualmente, me indigna de gran manera la manipulación y la parcialidad institucional de la cual todos hemos sido testigo.

Lo que hemos visto no es el ejercicio de una democracia sana y madura. Son los síntomas de una sociedad enferma de confrontación, polarización y divisionismo. Un estado crítico el cual no es resultado únicamente de este periodo electoral, sino que ha sido promovido por los mismos liderazgos políticos de ambos lados del espectro.

Los liderazgos de ambos partidos políticos están demostrando que a su interior todavía abrazan los mismos conflictos que en el pasado tanto daño y destrucción causaron al país.

Antes de continuar, con el propósito de ser completamente transparente, debo dejar claro que me considero un hombre de derecha, y como tal estoy en profundo desacuerdo con la visión y el programa presentado por el FMLN. No obstante, nunca estuve de acuerdo con la candidatura de Norman Quijano. Nunca representó, ni podrá representar, la visión de una derecha moderna, liberal, inclusiva y abierta que promuevo.

Dicho esto, estamos hoy pendientes todos del escrutinio final por parte del TSE de los resultados electorales. Como ciudadanía activa, es nuestra obligación estar vigilantes y asegurar la validez de los resultados. Ahora bien, adelantándome a los resultados oficiales, considero que la victoria electoral legítimamente le pertenece a ARENA. Con un margen tan estrecho es sumamente importante considerar las condiciones que han rodeado esta elección y preguntarnos el margen que existirá para inclinar el resultado final.

Lo cierto es que los dados estuvieron visiblemente cargados. Es, nuevamente, indignante ver a un TSE prestándose a los juegos políticos de la forma que hizo. ALBA y el Presidente de la República claramente violaron la ley electoral, y el TSE fue absolutamente permisivo de estas transgresiones a nuestra institucionalidad. Fueron cómplices de la violación a la ley electoral. Añadamos esto al verdaderamente penoso comportamiento del magistrado Walter Araujo. Ni él ni el presidente Funes se han comportado dignos de los cargos que representan.

Pero llego aquí a lo que le da título a este artículo. Es impresionante el haber sumado más de 400,000 votos a sus resultados electorales. Pero este no es un logro del partido, y su dirigencia debe reconocerlo. Se sumaron casi medio millón de votos por los increíbles esfuerzos de miles de salvadoreños, que sin pertenecer a la campaña decidieron trabajar por su cuenta, con sus recursos, en base a su propia visión. Independiente de los resultados oficiales, esta es una victoria de los ciudadanos que se levantaron a trabajar arduamente por sus creencias.

El partido les debe a todos estos ciudadanos, a estos compatriotas, reconocer su valiente esfuerzo, reconocer que son ellos quienes lograron estos resultados, reconocer que los liderazgos habían errado y que el partido debe abrirse, renovarse y mostrarle una nueva cara más abierta e inclusiva al país.

Comprendo la razón de ser, más no entiendo ni comparto, el discurso incendiario que nos mostraron los candidatos tricolores. El discurso es síntoma directo del temor, el odio y el divisionismo del que se ha llenado todo el ambiente político. Es respuesta al odio que ha promovido el Presidente de la República. Es respuesta a la manipulación de las instituciones por parte de funcionarios del actual gobierno. Es respuesta a la complicidad de los candidatos de izquierda a los abusos que ha cometido este gobierno. Pero también es resultado de que ARENA hasta el momento ha sido incapaz de trascender el espíritu de conflicto que heredó por su legado y por sus liderazgos tradicionales.

Ganen o pierdan estas elecciones, el mundo no se acaba aquí. Ni un triunfo ni una derrota son definitivos. Si quieren un futuro político deben reivindicarse. Deben reivindicarse no sólo por el discurso del domingo en la noche, que ha dejado a una gran parte de la población sumamente preocupada, deben reivindicarse por sus errores, su falta de modernización y su rol como parte de un sistema que en conjunto muestra estar muy enfermo.

Lo que se debe hacer está claro. Primero, las reformas para abrir, democratizar e institucionalizar el partido. El programa de reformas ya existe. Este debe hacerse público y el partido debe comprometerse con su fiel cumplimiento. Segundo, hace poco se hizo pública una nueva plataforma conceptual y filosófica que se trabajó en el 2010 pero que nunca se adoptó. Debe hoy el partido comprometerse con adoptar esta visión y darle el giro allí definido al partido.

Tercero, el partido debe abrirse y renovarse genuinamente. Debe llenar sus filas, liderazgos y candidaturas de personas que trasciendan el conflicto y el divisionismo que grandes partes de la población todavía ven en el partido. Personas que nada han tenido que ver en las intrigas y luchas del pasado. Figuras que nada tienen que ver con expresidentes o liderazgos tradicionales. Figuras que claramente representen una visión diferente, moderna, inspiradora y ajena a los conflictos del pasado.

Estos son los tres cambios concretos que miles de salvadoreños queremos ver en ARENA y mediante los cuales pueden recuperar la confianza del pueblo salvadoreño y crear una visión inspiradora para el futuro de la nación.

*Colaborador de El Diario de Hoy.