Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Evitar que las elecciones consoliden la dictadura en Venezuela

Hoy en Venezuela no hay democracia. No existe la democracia a medias ni la democracia parcial. Se trata de recuperar la democracia porque no hay respeto a los derechos humanos, hay perseguidos, presos y exiliados políticos

La convocatoria a elecciones parlamentarias para el 6 de diciembre de este año en Venezuela, es resultado de la lucha interna y una incipiente presión internacional para recuperar la democracia. La dictadura chavista ha dispuesto y usado esta convocatoria como un mecanismo de distensión y estabilización del régimen, y de inmediato puso en marcha su sistema institucionalizado de “fraude electoral”. Las “elecciones controladas” son el medio que las dictaduras del Socialismo del Siglo XXI utilizan para simular democracia y perpetuarse en el poder. El desafío es evitar que las elecciones --en lugar de recuperar la democracia-- sirvan para consolidar la dictadura en Venezuela.

Elegir es “escoger, es preferir a alguien o algo para un fin”, es un acto de expresión de libertad de obrar. La elección es el mecanismo político por el que un ciudadano toma la decisión de quiénes serán sus representantes y autoridades. Es más que el acto de votar, pues para que sean elecciones en democracia, deben ser “periódicas, libres, justas y basadas en el sufragio universal y secreto”. Las elecciones en sí mismas no son democracia. 

Las elecciones deben celebrarse en “condiciones de democracia”, esto es el respeto a los derechos humanos y las libertades fundamentales, con vigencia del Estado de Derecho, con existencia de un sistema plural de partidos y organizaciones políticas, y con división e independencia de los poderes públicos. Cuando estas condiciones no existen, las elecciones quedan convertidas solo en un ritual de impostura, en acciones destinadas a falsear la verdad para engañar al soberano que es el pueblo. En lugar de ser garantía y ejercicio de libertad y democracia, las elecciones son convertidas en delito y la “democracia aparente” es solo la coartada dictatorial.

Hoy en Venezuela no hay democracia. No existe la democracia a medias ni la democracia parcial. Se trata de recuperar la democracia porque no hay respeto a los derechos humanos, hay perseguidos, presos y exiliados políticos. Fueron precisamente los presos políticos los que con su huelga de hambre forzaron al Gobierno a que disponga la convocatoria a las elecciones parlamentarias. En Venezuela no hay Estado de Derecho, porque no hay leyes “que se hagan cumplir por igual y se apliquen con independencia, además de ser compatibles con las normas y los principios internacionales de los derechos humanos”, como lo prueban múltiples informes y declaraciones de organismos internacionales, entidades y gobiernos. El régimen de Maduro da testimonio diario de la inexistencia de división e independencia de los poderes públicos.

Las internas del régimen ilustran la institucionalización del fraude electoral y la ausencia de democracia. Han anunciado más votos de los existentes, Maduro en persona ha declarado que sabe quiénes y cómo votan y ha proferido amenazas. Han representado una comedia de fortaleza cuando las encuestas reflejan que el apoyo popular al gobierno está por debajo del 20 %. La coacción a los candidatos no oficialistas es pública, proliferan las inhabilitaciones ilegales, las acusaciones, la represión judicializada, las acciones de asesinato de reputaciones, las violaciones a la libertad de prensa y de expresión. Toda la metodología del castrismo dueño del proyecto.

No permitirán que los perseguidos, los presos o los exiliados políticos sean candidatos. No estarán en las listas María Corina Machado, ni Leopoldo López ni ninguno de los enjuiciados y detenidos. Los venezolanos en el exterior no votarán por mandato “legal”. Nadie revisará el padrón electoral, ni el sistema de cómputo y registro. No quedará nada que recontar ni prueba alguna del fraude como ya sucedió en la “elección” de Nicolás Maduro. La dictadura ya anunció que no permitirá observadores internacionales, solo a sus cómplices y los organismos creados para encubrirlos. El cohecho electoral aprovechando la crisis y la carestía creadas por la propia dictadura, ya ha comenzado. Sin fraude la dictadura está perdida y lo saben.

Es urgente que además de insistir en la denuncia, se produzcan hechos concretos. La “observación electoral previa e independiente” debe empezar ya, para auditar el padrón electoral, exigir condiciones de democracia, fiscalizar el sistema de registro y cómputo, conocer el software del órgano electoral y para permitir la presencia de los opositores en todas las mesas el día de la elección. La convocatoria a elecciones parlamentarias ha estabilizado a la dictadura venezolana, hay que evitar que las elecciones la consoliden. [©FIRMAS PRESS]

*Abogado y Politólogo. Director del Interamerican Institute for Democracy.