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Estrategia, simpatía y albadólares

El 2013 será un año de inmenso fastidio electoral. Ni las protestas mediáticas ni las denuncias inútiles ante el Tribunal Supremo Electoral (TSE) detendrán la campaña adelantada. Nadie los para. Los candidatos van a inundarnos con sus mensajes desatinados, su palabrerío trillado y sus promesas imposibles de financiar y ejecutar.

No soy de los que hacen predicciones, pero sí me animo a plantear algunos elementos para el análisis. A mi juicio, tres grandes criterios pueden definir la próxima elección presidencial: estrategia, personalidad del candidato y dinero. Eficacia en estos temas (o ausencia de ellos) pueden definir quién atrae o ahuyenta más votos.

1. Estrategia. Uno de los grandes problemas nacionales --no exclusivo de los decadentes partidos políticos-- es la ignorancia sobre el concepto en sí. A cualquier ensamble incoherente de ideas superficiales aquí se le llama "estrategia". Sin método científico y sin rigor analítico, es poco probable diseñar una estrategia inteligente.

Estrategia no es lo mismo que experiencia. Una campaña exitosa en otro lado o en otro tiempo no garantiza nada en la realidad actual. Y es justamente en la medición del "mercado electoral" donde reside la deficiencia de raíz. Se diseñan planes basados en corazonadas y ocurrencias, no con base a la temperatura del momento, no con base a la realidad estadística y el sentir actual de cada segmento de votantes.

Verdadera estrategia es un bicho raro. Las campañas operan alrededor de mesas llenas de todólogos, lugartenientes, familiares, impostores, los "camisas sudadas", aduladores, amigos, meques interesados, sabios probados y toda suerte de especialistas en complicar cosas que deberían ser simples. Sobran diagnósticos y conjeturas empíricas, escasean los criterios de efectividad y mediciones.

2. Personalidad del candidato. Hay candidatos que entre más hablan más daño se hacen. Unos no son agradables a la vista y otros dicen lo que las mayorías quieren oír. El carisma (natural o ensayado), el poder hablar y tener el mensaje correcto para el target correcto, todo esto cuenta y mucho. Es un criterio infeliz (porque nada tiene qué ver con la capacidad de gobernar) pero así funciona la psicología de las percepciones.

3. El dinero. Los albadólares llevan una sustancial ventaja. Sin embargo, volcanes de dinero por sí solos no garantizan una victoria si el candidato no logra conectar (por simpatía y mensaje) o no tiene una buena estrategia. Y el candidato soñado con la estrategia impecable la tiene difícil si no atrae plata. La maquinaria publicitaria, eventos y delantales con la cara del candidato requieren una fortuna.

Las campañas políticas modernas son mitad ciencia, mitad arte. Entre más ciencia, más efectivas. Sin embargo las recientes campañas vistas aquí han tenido mucho de arte mediocre, muy poca ciencia y mucha ocurrencia fácil. Serían muy distintas si hicieran más investigación (cuantitativa y cualitativa) y adoptaran disciplina estratégica.

Si usamos los tres criterios aquí señalados (estrategia, personalidad del candidato y dinero), lo que hemos visto los últimos meses es decepcionante. Quizá ya están preparando los planes "B". Quizá hay otros criterios que los inexpertos no alcanzamos a comprender. Sólo el tiempo dirá. Y el dinero, por supuesto.

*Colaborador de El Diario de Hoy.