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La estrategia de desarrollo que necesita El Salvador: apostarle a las capacidades de su gente

El desafío para tener éxito en desarrollo humano no consiste solamente en hacer los mayores esfuerzos para que la gente despliegue sus capacidades internas, sino también en crear las condiciones socioeconómicas, políticas y ambientales requeridas para que esas capacidades acumuladas se transformen en oportunidades reales (capacidades combinadas).

Sin embargo, por simple que parezca esa recomendación, es muy difícil ponerla en práctica, especialmente en países como El Salvador, donde la discriminación, el machismo, el clasismo, el populismo y la consecuente ausencia de una identidad nacional sólida han sido parte de sus características estructurales desde la época colonial.

Al echar un vistazo sobre el concierto mundial de países, llama la atención que varios de los que integran el grupo de desarrollo humano muy alto, como Suiza, Bélgica, Japón, Luxemburgo, Singapur y Hong Kong, no se caracterizan por tener grandes recursos naturales, sino que más bien casi "sólo tienen gente". Algunos, además, son tan pequeños, que ni siquiera son autosuficientes en agua, mucho menos en alimentos, minerales y combustible.

Pero, ¿qué es lo que han hecho esos países para avanzar tanto, dentro de un entorno aparentemente desfavorable para el desarrollo?

Simplemente, colocaron a las personas al centro de su preocupación. Esto significa que invirtieron fuertemente en la expansión de sus capacidades con el propósito de ampliar sus opciones y oportunidades. Además, asumieron como objetivo básico del desarrollo la creación de un ambiente propicio para que sus habitantes disfruten de una vida prolongada, saludable y creativa, y orientaron las políticas públicas en esa dirección.

En pocas palabras, estos países establecieron un compromiso firme con la salud, la educación, la capacitación, la ciencia y la tecnología; así como con la búsqueda permanente de apuestas productivas que le permitieran a su población mejorar progresivamente los indicadores de empleo e ingresos. En síntesis, se trata de naciones que se han preocupado por darle prioridad a la formación de capacidades humanas y a la creación de un marco propicio para el uso de esas capacidades.

Esta constatación respalda la veracidad del planteamiento contenido en el primer Informe Mundial sobre Desarrollo Humano, publicado por el PNUD en 1990, que sostiene que la verdadera riqueza de una nación está en su gente. El ejemplo de estos países le ofrece a países pobres, pequeños, densamente poblados y con poca disponibilidad de recursos naturales, como El Salvador, la posibilidad de construir una visión optimista sobre su futuro.

La clave para poder aprovechar esa posibilidad está en comprender adecuadamente lo que significa una apuesta en favor de la expansión de las capacidades de las personas y en crear luego la voluntad política para impulsar una estrategia de esa naturaleza.

El paradigma de desarrollo humano reconoce que hay tres tipos de capacidades: las innatas, como las habilidades físicas, artísticas, sociales e intelectuales; las internas, que son las que se desarrollan a partir de la educación, la capacitación y el entrenamiento, y las combinadas, que son las que permiten que una vez las personas han desplegado sus habilidades innatas, las pongan al servicio de proyectos personales y colectivos.

Por ejemplo, una persona muy inteligente pero que no tuvo educación y no es capaz de leer, casi no podrá utilizar esa capacidad innata para buscar su bienestar. Le habrá hecho falta el factor de conversión educación que le permitiese desplegar esta inteligencia como capacidad interna. Si esta misma persona, no sólo aprende a leer sino que obtiene un doctorado en neurociencias, pero vive en un país eminentemente agrícola, el entorno económico no le dará las oportunidades para convertir en una posibilidad real (de una buena vida, holgada económicamente), la libertad ganada con su educación, es decir no logrará el desarrollo de la capacidad combinada. Es claro, entonces, que aun si una sociedad está desarrollando las capacidades internas de sus miembros, el entorno les podría estar cortando las vías de acceso a la oportunidad de realmente utilizar estas capacidades.

De hecho, una de las conclusiones del Informe sobre Desarrollo Humano de El Salvador 2013 es que uno de los principales fallos de El Salvador a lo largo de la historia, es que nunca le ha apostado de manera decidida a la expansión de las capacidades de su gente, ni a la construcción de una sociedad en la que todos sus miembros tengan igualdad de oportunidades de buscar el bienestar. Este es el cambio más importante que se necesita para poder imaginar un nuevo país y hacerlo posible.

*Colaborador de El Diario de Hoy