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No estamos solos

A los salvadoreños solo nos queda agradecer a la comunidad internacional por preocuparse por nuestro futuro y hacer honor a ese genuino interés, buscando un rumbo mejor. ¡Qué bueno saber que no estamos solos!

La primera vez que fui a Alemania en los 90, pese a que ya estaba reunificada, aún había dos países: el occidente próspero y el oriente empobrecido y luchando por liberarse del lastre de décadas de comunismo.

Ir a Berlín Occidental era visitar una de las más modernas ciudades de Europa, en tanto que recorrer la parte este, la “República Democrática Alemana” (¿?), era como llegar a uno de nuestros barrios más pobres o modestos, con grafitis en las paredes, una urbe gris y sin luces ni sueños; una población presa de las paranoias de la policía política y del miedo a los tanques soviéticos.

Tras la caída del Muro de Berlín en 1989, la reunificación no ha sido fácil para Alemania, pero lo ha logrado en todos los sentidos.

Con la cruda experiencia y la autoridad moral de haber sido testigo de lo que fue el triste legado de la Guerra Fría en su tierra creo que el Embajador de Alemania, Heinrich Haupt, se ha dirigido a los salvadoreños para que velemos por nuestra seguridad, desarrollo y, sobre todo, por nuestra democracia y no caigamos en los grandes errores de la historia.

Durante la celebración del Vigesimoquinto Aniversario de la Unidad Alemana, el jefe diplomático se condolió de que la actual inseguridad ciudadana “es un tema doloroso de vida y muerte que nunca debería prestarse a manejos políticos, ni por parte de la izquierda, ni por parte de la derecha, ni por parte de los populistas”.

De igual manera, hizo ver que la ayuda internacional ha sido efectiva en la lucha contra la corrupción y la impunidad en países como Guatemala y que Alemania sigue con interés el debate por establecer una comisión especial que frene estas lacras en El Salvador.

“Los esfuerzos de la sociedad civil solo pueden tener éxito cuando el Estado promueve un marco fuerte de seguridad jurídica, de respeto hacia la institucionalidad democrática y los derechos ciudadanos…”, expresó el diplomático, recordando que la obligación del Estado es “cumplir y hacer cumplir la Constitución y combatir la corrupción y la impunidad en todos sus niveles, hacer un buen uso de los recursos del pueblo”.

El Milagro Alemán es clave para nosotros si queremos levantarnos: la ideología comunista dividió al país en dos al término de la Segunda Guerra Mundial, como la misma ideología también nos divide, aunque no territorialmente, pero sí como compatriotas. Persisten la prédica del odio y la lucha de clases, que al final solo cobijan otro tipo de intereses que no tienen nada qué ver con el bien común que debemos alcanzar como sociedad.

Ese es el mismo modelo que desterraron los alemanes orientales después de décadas de oprobio y represión, el mismo que los mantenía cautivos, en la miseria y que llevaba al paredón al que trataba de abandonar el país. Es el mismo modelo cuyo Muro, el símbolo de la vergüenza y la esclavitud moderna, cayó en 1989 y dio paso a la reunificación del país en 1990. Si Alemania es próspera y estable es porque se deshizo de las ideologías, tanto el nazismo como del comunismo, y construyó su futuro en democracia y unidad.

Esa es nuestra mayor lección: queremos ser un país desarrollado, dejémonos de cegueras mentales y luchas estériles y comencemos a pensar en El Salvador.

En el 70º aniversario de la fundación de la República de Corea, el embajador de ese país, Kim Byong-Seop, hizo una reseña de la historia reciente de su país, dividido también en dos por el comunismo, que ha sumido a la parte norte en el peor de los despotismos, mientras el sur resurgió con esplendor después de años de reconstrucción y sacrificios.

“Mi historia y la de mi generación puede servir de insumo para dar nuevas inspiraciones a los jóvenes de los países en vías de desarrollo hacia el desarrollo nacional… Si el pueblo y el Gobierno salvadoreño llegara a cooperar de manera estrecha con la comunidad internacional con una voluntad firme, pronto vendrá la paz a las calles de El Salvador y todos nosotros podremos llevar un buen vivir en El Salvador”, vaticinó el diplomático.

Más de alguno reclamará por qué la comunidad internacional nos da consejos, pero deberíamos agradecerles a los embajadores de países amigos como Alemania, Estados Unidos, Japón o Corea porque manifiestan una genuina preocupación por nosotros.

Debería de darnos pena que mejor amigos de otros países nos marquen el camino mientras nosotros actuamos con indiferencia y ante la corrupción nos limitamos a decir que “todos roban” o “que esas son cosas de los políticos”.

El Salvador no crece precisamente porque vive anquilosado en el pasado que los alemanes, los rusos, los húngaros, los polacos, los checos y eslovacos, los albanos, los rumanos y tantos pueblos dejaron atrás hace casi 30 años.

A los salvadoreños solo nos queda agradecer a la comunidad internacional por preocuparse por nuestro futuro y hacer honor a ese genuino interés, buscando un rumbo mejor. ¡Qué bueno saber que no estamos solos!

* Editor Subjefe de El Diario de Hoy.