Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Esquizofrenia fiscal

El gobierno está dando una muestra de algo que podría llamarse esquizofrenia fiscal, una división de la mente que lleva a mantener simultáneamente pensamientos contradictorios. Así, por ejemplo, el gobierno está tratando de aumentar los ingresos fiscales creando nuevos impuestos que justifica diciendo que se orientan a castigar a las empresas y otros contribuyentes grandes, no al ciudadano común. Al mismo tiempo, está tomando acciones y promoviendo legislaciones que les quitan impuestos existentes o aun futuros a ciertas empresas, grandes también.

Ejemplos de los primeros son los impuestos a las "propiedades suntuarias" y a las transacciones financieras, y de los segundos las exenciones de todos los impuestos a las empresas declaradas como empresas turísticas por el ministerio del ramo y la propuesta ley que eximiría a empresas grandes que inviertan ciertas cantidades de la obligación de pagar aumentos en los impuestos.

Ponerles impuestos a las empresas para quitárselos después es un desperdicio horrible de energía. Es también una violación a los principios más fundamentales de la transparencia y equidad porque en este río revuelto algunas empresas salen premiadas con grandes privilegios mientras que otras salen castigadas con el pago de más impuestos. En el caso del proyecto de ley que pretende eximir de pagos de aumentos futuros a las empresas que inviertan más de uno o dos millones de dólares, los premiados son los grandes y los que pagan los pequeños que no pueden invertir esas cantidades. En otros casos, hay empresas que no pagan nada.

De ese modo, el Ministerio de Hacienda, que se queja de que necesita más recursos y de que hay muchas empresas que no pagan, está de acuerdo con que muchas de estas no paguen y avala la patente de corso que les permite no pagar legalmente.

Subyacente en esta esquizofrenia hay un conflicto ideológico que se da en las mentes de los políticos. Por un lado, quisieran dejar sin nada a los inversionistas, para que la gente se sienta contenta de que no podrían ya comprar casas, o tener empresas grandotas, o irse de viaje. Por otro lado, se dan cuenta de que si lograran esto el país colapsaría por falta de inversión, empleos, y actividad económica. A veces se dejan ir por la primera de estas influencias, a veces por la segunda. El resultado es un chapandongo fiscal que no permite colectar impuestos con tasas bajas porque cada vez que se da una exención, los demás tienen que pagar más para cubrir lo no pagado.

Esta irracional obsesión de terminarse a los empresarios sólo se compara con la idea que existe en muchos círculos empresariales de que todo impuesto es malo y debe resistirse hasta la muerte. Esta posición es irracional porque a nadie se le escapa que todos sufrimos por tener una población insana y con muy poca y mala educación. Los mismos empresarios sufren por esto, igual que todos, y más porque no pueden moverse a producir cosas de alto valor agregado porque la educación de la población no da para eso.

El mercado no va a resolver este problema. Es necesario invertir en capital humano para desarrollar el país, y eso requiere dinero, que significa impuestos. Si los impuestos se usan para invertir en capital humano es buen negocio pagarlos. Uno de los problemas políticos que afectan a la situación fiscal es que la ciudadanía no quiere reconocer esta realidad.

Pero hay dos problema equivalentes en el sector público. Uno es que actualmente está usando los impuestos para miles de cosas que no incrementan el capital humano y no dan servicios útiles a los ciudadanos. El otro es que el gobierno, por ese afán de decir que está castigando a los ricos, insiste en establecer impuestos mal diseñados y que son altamente ineficientes (es decir, que desincentivan la actividad económica más allá de lo que cobran).

La solución de este problema está en reorientar los gastos del gobierno hacia la inversión en capital humano, cobrar los recursos tributarios con impuestos eficientes, y, de parte de la ciudadanía, aceptar que hay que pagar esos impuestos si el Estado cumple con estas condiciones, y vigilar que se usen para mejorar el capital humano del país.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.