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¡Ay, Espíritu Santo!

La solución no es permitir el aborto, como ya exponen, sino educar en la responsabilidad, educar para la formación de familias funcionales, en lugar de solo enseñar a tener sexo, eufemísticamente “seguro”

Una señora, que disfrutaba abundantemente las delicias preparadas por la anfitriona, dijo: “Yo sigo la dieta del Espíritu Santo; como de todo lo que quiero y luego imploro: ¡ay, Espíritu Santo, que no engorde!” La mencionada señora, además de simpatiquísima, era también bastante redondita. 

Lo anterior me cayó en gracia, no así el gobierno y sus acólitos que actúan igual: siendo irresponsables, esperan obtener buenos resultados. No miden las consecuencias y, además, creen que solucionar los problemas –muchos debidos a sus malas decisiones–, es responsabilidad de otros.
 
Así, denuncian la polarización, pero todos sus voceros, incluso el presidente Sánchez Cerén, despotrican en contra de la oposición, el empresariado, los tanques de pensamiento, las voces respetables de la sociedad civil y de cuanto ser viviente señale sus injustificables fracasos. Dicen construir una sociedad pacífica, pero la siembra de odio es permanente y virulenta. Pregonan mejorar la educación, pero sin reparar la infraestructura escolar ni atender la calidad de los docentes ni actualizar los currículos. Esperan un pueblo sano, pero el sistema público de Salud está más enfermo que los enfermos. Exigen inversión privada y crecimiento económico, pero destruyen la productividad, imponiendo más cargas a los mismos de siempre. Se quejan porque los impuestos no cubrirán todas sus ocurrencias populistas, pero no amplían la base tributaria. Condenan la supuesta evasión fiscal, pero el Ministerio de Hacienda no hace su trabajo. Despotrican contra la elusión (que no es un delito) pero no presentan a la Asamblea Legislativa un proyecto que corrija esas deficiencias legales. Y dicen luchar para detener la violencia, que cesen los asesinatos, que se erradique el crimen, pero manteniendo en sus puestos a los mismos incapaces que, hasta el momento, solo han logrado que las maras se fortalezcan y multipliquen. 

Y mientras esperan un milagro, la violencia se acrecienta, la pobreza incrementa, la economía se estanca o decrece y nuestro país se deteriora de manera galopante. Para colmo, nos enteramos de que, entre enero y septiembre de 2015, en nuestro país se atendieron 15,779 partos de niñas y adolescentes en edades de 10 y 19 años, lo que, automáticamente, condena a esas criaturas a una vida de pobreza, porque carecerán de educación. 

Nuestros problemas son muchos y graves, pero eso de que “la responsabilidad es de todos”, es un chantaje. Cada uno tenemos obligaciones que cumplir y la del gobierno es fijar un rumbo correcto y poner las medidas correctivas ya, de inmediato.

Solo imaginemos el cambio inmenso que significaría el detener esa siembra permanente del odio de clases, el atender adecuadamente los servicios públicos, mediante una buena y correcta distribución del presupuesto nacional, balanceado, como la Constitución lo exige. 

Y, si escucharan los razonamientos ponderados y certeros de los empresarios y emprendedores, eso podría traducirse en más empleos, casi de inmediato.

Además, es imperativo revisar la fracasada educación sexual para detener el embarazo precoz. La solución no es permitir el aborto, como ya exponen, sino educar en la responsabilidad, educar para la formación de familias funcionales, en lugar de solo enseñar a tener sexo, eufemísticamente, “seguro”. 

El dinero solo no soluciona los problemas, los solucionan la capacidad, el trabajo consciente, bien encaminado, tenaz. ¡Pero es más fácil pedir un milagro!

Por supuesto, el Espíritu Santo puede hacerlo. Pero EN APOYO a nosotros, no EN LUGAR de nosotros.

*Columnista de El Diario de Hoy.