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¡España está triste!

Y yo también, por el fallecimiento del primer presidente democrático en España, Adolfo Suárez. Viví muy de cerca la transición española, saliendo de cuarenta años del gobierno del general Francisco Franco, que en sus últimos años no tenían restricciones económicas y se sentía que España no podía seguir aislada y debía integrarse a Europa y el mundo libre.

Por la seguridad jurídica que garantizaba el gobierno, aterrizaron o volvieron a España al principio de los setenta las multinacionales norteamericanas Ford, IBM y General Motors; las francesas Bull, las grandes superficies comerciales y las alemanas, Mercedes Benz y Volkswagen del automóvil y las de medicamentos Bayer, Boheringer y muchas otras empresas alemanas, como aquella, con la que yo en junio del setenta y cinco, después de estudiar y trabajar once años en Alemania, llegué a fundar una filial en Valencia. Y desde Valencia, viví atento toda la transición política que don Adolfo Suárez dirigió con gran valentía, heroísmo y diplomacia.

Nos alegramos cuando en su primer gobierno empezaron a volver de sus lugares de exilio o residencia en Francia y otros países, los jóvenes políticos socialistas Felipe González y su séquito de incondicionales, como Alfonso Guerra, y también, cuando se legalizó el Partido Comunista, cuyo secretario general era don Santiago Carrillo y, después, volvió "La Pasionaria", doña Dolores Ibarruri, dirigente comunista exiliada en la URSS.

En su primer gobierno se firmaron los Pactos de la Moncloa, que sirvieron para estabilizar España políticamente, ordenar la economía y parar la inflación. De los setenta y cinco a los ochenta hubo muchas manifestaciones pacíficas en todas las grandes ciudades, pues las nuevas leyes de la democracia las permitieron y se incrementó y radicalizó la presión de los sindicatos. Se organizaron huelgas, algunas salvajes en Ford, que promovidas en una planta por algún problema puntual, que pudo resolverse en el lugar, se extendían a los diez mil trabajadores, provocando inmensas pérdidas.. Pero volviendo a don Adolfo Suárez, en uno de sus discursos electorales popularizó la frase: "Puedo prometer y prometo", de las cuales a mí la que más me impresionó fue: "Puedo prometer y prometo que trabajaremos con honestidad, con limpieza y de tal forma que todos ustedes puedan controlar las acciones de gobierno", y creo que así fue, pues no recuerdo haber escuchado ninguna acusación personal de malversación o corrupción durante su gobierno. Todos los políticos españoles y el Rey han exaltado la vida de Adolfo Suárez y desde aquí también mi sencillo reconocimiento por haber reorientado el curso de la historia a la España que tenemos hoy.

*Ingeniero. Columnista de El Diario de Hoy.

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