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"Eso no está bien"

N

o sería descabellado pensar que, después de la semana pasada en que tuvo al Papa Francisco de visita, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, debe sentirse un tanto desilusionado. El contexto: Correa ha visto sus números caer varios puntos porcentuales --los únicos números que importan a cierto tipo de mandatarios ego-autoritarios-- los de las encuestas de popularidad, que es la sangre que hace latir el corazón del populismo. 

Una de las causas era posiblemente nuevas tasas impositivas (entre ellas, a las herencias) que el mandatario pretendía meter por la garganta a la sociedad ecuatoriana, que salió a manifestar su descontento a las calles. 

Correa, para combatir el malestar de la población, recurrió a la carísima propaganda "marketera" (oxígeno del populismo), contestando las protestas no con soluciones, sino con brillantes pancartas supuestamente alusivas a la visita papal, en que aparecía la efigie de Francisco I acompañada por citas del Papa referentes a la pobreza y la distribución de la riqueza. 

Brillante idea, pues en la emoción que despertaba la visita del Papa, pintar la oposición a una política pública impopular y de dudosa eficacia como oposición a las palabras del Papa, le servía a Correa para continuar ahondando su discurso divisivo de dicotomías falsas y monstruos imaginarios, como el capital come-niños, el imperialismo yankee, o el que convenga en el momento.

Y quién sabe qué tamaño habrá tenido la desilusión presidencial al ver que el mensaje de Bergoglio en nada le hacía la palanca en su política pública: el Papa se dedicó a hablar de la defensa de la familia diciendo al respecto que "el mejor vino está por venir" y haciendo énfasis en la unión, el diálogo y la necesidad de incluir a los que no piensan igual. Según un análisis de la abogado y comunicadora política ecuatoriana, Ana Belén Cordero, "Basta con leer con atención Laudato Si y Lumen Fidei para, al menos, deducir que el Papa Francisco asumió con mucha prudencia algunas de las interpretaciones tergiversadas de la Doctrina Social de la Iglesia por parte de la forzada técnica discursiva de Rafael Correa, para constantemente señalar puntos de encuentro entre su pensamiento y el del líder de la Iglesia". 

Algo parecido pretendió hacer Evo Morales, regalándole al Papa un Cristo… crucificado en la hoz y el martillo, buscando la foto y usando, nuevamente la religión como trampolín para defender ideologías. El Papa Francisco no se dejó y corto y severo, contestó "eso no está bien": claro que no está bien, ambos simbolismos superpuestos resultaban más disonantes que Kim Kardashian en una conferencia de física cuántica. 

El mismo guión intentó usar la administración Funes en El Salvador, cuando manipuló la imagen de Monseñor Romero para pretender validar su narrativa divisiva y pedántica. Haciendo a un lado la laicidad constitucionalidad del Estado, estos gobernantes oportunistas pretenden explotar las creencias de la población para su beneficio político: populismo religioso, nada más y nada menos.

Pero no hace falta ser Correa, Morales o Funes, muchos usan a la Iglesia para pretender hacer palanca para sus discursos divisivos, pretendiendo usar las creencias – que no deberían dejar el ámbito personal – como argumento en retórica de odio en la esfera pública. Probablemente el Papa Francisco les diría también, "eso no está bien".

*Lic. en Derecho de ESEN con maestría en Políticas Públicas de Georgetown University. Columnista de El Diario de Hoy.

@crislopezg