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¡Me equivoqué!

Pensando bien y recordando lo que hacemos en el día, la semana, el mes, el año, los últimos años o durante la vida, seguramente hubo equivocaciones. No sé si a usted también le pasa como a mí, que sabe bien cuando se equivocó, algo parecido a cuando me enfermo, que casi siempre sé la causa del malestar y cuál fue el momento en el que me descuidé.

¿Por qué tan poca gente y en tan pocas ocasiones cuando comete un error o se equivoca, sabiendo que se equivocó, no lo acepta? Alega, discute y hasta pelea por tratar de convencer que no es él quien se equivocó, sino que, contrariamente y contrariado, asegura que son otras las cosas, no fueron como se esperaba.

Un excelente maestro que tuve en la primaria, don Oliverio Cortez, nos explicó el significado del refrán: "Equivocarse es de humanos" y finalizó aclarándonos que sólo Dios es perfecto y nunca se equivocará. A partir de entonces, mis equivocaciones las he asumido como lecciones que me sirven para no equivocarme más haciendo las mismas cosas. Y cuando me equivoco, lo acepto, me río de las equivocaciones e incluso lo cuento y me pongo de ejemplo sobre lo fácil que es equivocarse.

Pero… ¿por qué nos equivocamos? En el supuesto que lo normal es querer hacer las cosas bien y tener éxito, las equivocaciones se explican en la ignorancia, la irresponsabilidad, la temeridad de tomar atajos sin conocerlos, la falsa seguridad, la impaciencia, por machismo, por pensar que como uno es el jefe se deben hacer como uno dice, pero en la mayoría de las veces, nos equivocamos, por no preguntar. Es la resistencia complementaria, el otro lado de la moneda, de las frecuentes equivocaciones.

Evidentemente, las equivocaciones siempre tienen consecuencias, unas más complicadas y caras que otras y hasta pueden crear más infelicidad. No es lo mismo equivocarse al pedir una comida en un restaurante, pensando que era una cosa y cuando la sirven descubrir que no es lo que esperaba y se la come porque la han servido y hay que pagarla, que equivocarse al elegir una carrera, esforzarse por terminarla, graduarse y ser un profesional inconforme, mediocre e infeliz toda la vida.

¿Y cuál es la clave para equivocarnos menos? Por lógica, la prevención y la precaución. Cuando tenga que resolver un problema, sea precavido y preventivo y antes de lanzarse con lo primero que se le venga a la cabeza, mejor pregunte quién sabe más que usted sobre el asunto a resolver. Lo resolverá mas fácil y quien le ayuda tendrá la satisfacción de haberle ayudado. ¡No tenga miedo, pregunte!

*Ingeniero. Columnista de El Diario de Hoy.

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