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Entre "la integración" y el mito de la integración

análisis Los políticos y altos funcionarios son responsables de lo que hacen y lo que dejan de hacer. El Estado peruano ha hecho gala de abulia, temor e ineficiencia, agravadas por competencias sobrepuestas con el gobierno regional

Entre "la integración" y el mito de la integración

Entre "la integración" y el mito de la integración

Entre \"la integración\" y el mito de la integración

Hace cinco lustros, en Montevideo, una frase del joven Alan García impresionó a la ALADI: "La integración es el mito de los pueblos", dijo. Sustituir importaciones y desviar el comercio estaba de moda, aunque perjudicara a los consumidores (todos) para beneficiar industrias incipientes o inexistentes. A espaldas del mercado se edificaron construcciones perdedoras, como el Grupo Andino. Después de la exitosa apertura económica de Fujimori y Toledo, García II aprendió. Priorizó la integración al mercado global y promovió la Alianza del Pacífico. Promete porque integra economías afines y complementarias. Los sistemas proteccionistas empobrecen y sobreviven por designio político. La CAN desmantela su inservible parlamento dizque para no duplicar un indeseable parlamento de UNASUR; seguro enjambre envenenado por tribunos chavistas, evistas, correístas y cristinistas denunciando conjuras asesinas del Imperio y el capital contra sus presidentes vitalicios.

La integración en Sudamérica enfrenta una geografía que magnifica las desventajas del comercio. La integración espontánea se da en zonas fronterizas donde es evidente la ventaja de intercambiar bienes y servicios. Nace de la comunicación y las diferencias entre poblaciones vecinas: Tacna y Arica, el occidente peruano-ecuatoriano, o Desaguadero y Yunguyo en el hipercontaminado y binacional Titicaca.

El caso de Tacna y Arica es paradigmático por su dinamismo. La complementariedad económica ha relegado heridas históricas, generando prosperidad y expectativas. Pero los gobiernos que han sido capaces de concebir la Alianza del Pacífico, no ven la potencialidad del motor que ruge en la frontera. No proyectan al futuro capacidades dormidas ni explotan una infraestructura que nos ha costado negociar y construir.

Verdad que, para Perú y Chile, la Alianza será una cura similar a la de Francia y Alemania cuando se convirtieron en núcleo de la integración europea. Pero en la dimensión bilateral, choca el desperdicio de la capacidad ociosa del Perú en esa zona efervescente: un muelle subutilizado en un puerto sobrecargado; un enorme depósito vacío; un hermoso ferrocarril inglés (paralizado) que parte de una estación histórica y un museo en el centro de Tacna hasta una terminal y un patio de maniobras adyacentes al muelle en Arica, y el "Chinchorro", un inmenso terreno ¡baldío! de 25 mil metros cuadrados sobre la carretera Panamericana, a cinco minutos del puerto. Sumemos las servidumbres perpetuas al régimen de operación vigente y concluiremos que nuestra desidia es comparable a la que Bolivia ha demostrado en Ilo, desperdiciando las concesiones que tiene desde los convenios de 1992.

Los políticos y altos funcionarios son responsables de lo que hacen y lo que dejan de hacer. El Estado peruano ha hecho gala de abulia, temor e ineficiencia, agravadas por competencias sobrepuestas con el gobierno regional. ¿Por qué no promover concesiones con empresas capaces de explotar las facilidades disponibles? Las sinergias son obvias. El tren brillaría en manos de Orient Express y Gastón Acurio: historia, gastronomía y refinamiento, en un turismo sin aduanas ni migración. Muelle, depósito, tren y Chinchorro funcionarían como un sistema integrado de servicios rentables para Tacna y el Perú.

Más aún. El eje Tacna-Arica sería una estupenda base para un polo energético y petroquímico beneficiario de los precios imbatibles que Chile pagaría por un abastecimiento seguro. Y el decaído muelle peruano podría recibir embarcaciones de todo el sur e integrarse a una industria pesquera binacional vinculada a las zonas marítimas vecinas a Tacna. TISUR resucitó Matarani en un año, y Orient Express reinventó los Ferrocarriles del Sur. ¿No apostarían por una integración de tanto significado para el Perú?

*Embajador peruano.