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El entorno económico

La situación económica del país se asimila a la de una casa que no sólo no ha recibido mantenimiento por varios años sino que ha sufrido daños y maltratos por sus ocupantes, de tal forma que tiene ventanas rotas, goteras cada vez mayores, y cañerías que no funcionan, pero cuya estructura todavía está intacta y cuya reparación es conceptualmente fácil.

El problema de la economía es fundamentalmente político, no económico. El factor clave es la lentitud del crecimiento económico, que no permite generar empleos con creciente valor agregado. Este factor clave tiene dos componentes. Uno es la falta de inversión y el otro es el pobre sistema educativo del país, que no está preparando a los ciudadanos para que enfrente los retos del Siglo XXI. Los dos factores están relacionados. La falta de inversión y crecimiento son en gran medida resultado de las mismas malas políticas que resultan en la baja inversión en capital humano.

La falta de inversión tiene muchas causas que amenazan con crear un círculo vicioso de largo plazo. La falta de inversión genera bajas tasas de crecimiento económico, lo que a su vez genera malestar político, lo que a su vez abre las puertas para políticos populistas que culpan de todo a los inversionistas, lo cual disminuye aún más la inversión, y el crecimiento económico, con lo que el círculo vuelve a iniciarse. Como lo demuestra el caso extremo de Venezuela, no hay límite para la caída que este círculo vicioso puede generar en un país, política, económica y socialmente. Venezuela debería de ser un país en gran bonanza. El precio del petróleo, que constituye la totalidad de sus exportaciones, se quintuplicó de 1999 a este momento, con lo que sus exportaciones se multiplicaron también por cinco, generando enormes ingresos. De 2004 a 2012, los ingresos adicionales, por encima del promedio de 1999 a 2003, sumaron 450 mil millones de dólares, una cantidad tan grande que si se hubiera invertido en la educación y la salud de los venezolanos hubiera creado una base muy fuerte para que el país se desarrollara y no dependiera ya del petróleo. Otros países, como Polonia, han logrado posicionarse en un rumbo firme de desarrollo en un período similar.

En vez de eso, el país se está desintegrando económicamente. En gran parte, esto ha sido el resultado del horrible desperdicio de estos recursos, que se dilapidaron en alimentar la vanidad del presidente Hugo Chávez a través de regalarlos a líderes políticos serviles a él en otros países latinoamericanos y en crear redes de clientelismo en Venezuela misma. Pero el problema no ha sido sólo el desperdicio de recursos. El problema generado por el populismo tiene dos lados que cortan como una tijera el desarrollo económico: a la vez que desperdician los recursos existentes, estos regímenes populistas han cortado la posibilidad de que nuevos recursos se generen y hasta han secado las fuentes de donde estos se generan.

Con su ataque continuo a los inversionistas, manifestado en amenazas de expropiación de los resultados de las inversiones y las inversiones mismas, en las expropiaciones reales que el gobierno ha hecho, y en los obstáculos burocráticos que cada vez son más asfixiantes, la gente dejó de invertir en Venezuela y la economía ha comenzado a desplomarse. Es una tragedia ver a un país que debería ser rico y es pobre y cada vez más porque, al desatar el conflicto social del que viven los populistas, está destrozando todo lo que lo puede enriquecer.

Este es el espejo en el que los salvadoreños debemos vernos. Si seguimos por el rumbo de Venezuela, que es el que hemos comenzado a tomar, tendremos los mismos resultados que ese país, sólo que peores porque nosotros no tenemos los grandes ingresos que da el petróleo. Allí arruinaremos nuestras fundaciones y la casa se nos derrumbará mucho antes que en Venezuela.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.