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El enorme peso muerto de las reformas tributarias

El gobierno parece no entender que la misma cantidad recaudada por distintos tipos de impuestos cargan a la sociedad con costos que pueden ser radicalmente distintos y que, en todos los casos, exceden a la cantidad recaudada. Esto es así no solo por los costos de recaudación (lo que el gobierno gasta en recaudarlos, que varía de acuerdo al tipo de impuestos) sino también porque cada impuesto impone gastos adicionales diferentes a los contribuyentes (el tiempo y los esfuerzos que tienen que gastar para mantener la información necesaria para pagar los impuestos), y causa diferentes distorsiones en la estructura de costos de la economía (que vuelven no rentables algunas actividades que son rentables naturalmente y fuerzan el cierre de negocios legítimos que son artificialmente quebrados por los impuestos). Todos estos costos resultan en menor inversión y mayor desempleo.

A esos costos adicionales se les llama el "peso muerto" de los impuestos, porque no generan ninguna riqueza para la sociedad. Los productores tienen que incurrir en ellos solo para que el gobierno recolecte esos impuestos específicamente. Por supuesto, si dos impuestos recaudan lo mismo (y siempre se puede hacer que recauden lo mismo jugando con las tasas) es mejor para la sociedad el que tiene un peso muerto menor.

Por esas razones, el proceso de diseño de los impuestos no solo tiene que estimar lo que pueden generar de ingresos para el gobierno sino también los costos que generarán a la sociedad entera, no solo por el pago mismo del impuesto sino también por su peso muerto.

Así, por ejemplo, supongamos que un impuesto que puede generar 100 millones de dólares para el gobierno puede causar, digamos, 130 millones de costos a la sociedad, los 100 millones que le paga al gobierno más 30 millones de ventas perdidas, de costos de cálculo de los impuestos, y de distorsiones que eliminan actividades legítimas que crean inversión y empleos. Supongamos que hay otro impuesto que puede recaudar la misma cantidad para el gobierno pero tiene un peso muerto de, digamos, 10 millones para la sociedad. Es obvio que el gobierno tiene que escoger el segundo tipo de impuesto para dañar al mínimo la economía del país.

Es claro que el gobierno no ha hecho este análisis elemental porque ha escogido crear impuestos que maximizan el peso muerto para el país. Bastan dos ejemplos. Supóngase que usted tiene ahorrado medio millón de dólares disponibles. Tiene dos alternativas: una, es construir una casa para alquilar. Con esto, usted daría empleo a obreros salvadoreños y compraría materiales de empresas también salvadoreña. La otra es comprarse un Ferrari y alquilarlo a gente que guste de manejarlos. Por supuesto el Ferrari tendrá que importarlo dando trabajo a los obreros italianos. Las nuevas leyes lo incentivan a comprar el Ferrari, porque el nuevo impuesto creado el jueves en la madrugada solo le han cargado impuestos a las casas. El nuevo impuesto crea desempleo. Es un peso muerto bien caro.

Otro ejemplo de un impuesto con un gran peso muerto es el de las transacciones financieras, también creado el jueves en la madrugada. Considere usted el caso de las agencias de viajes. Se incurre en este impuesto cada vez que se hace una transacción mayor de mil dólares. Cuando usted les compra un pasaje, les paga a las agencias de viaje. Ellas, a su vez, pagan a la línea aérea. Y esta, a su vez, le paga a la IATA, y a las tripulaciones locales y a los suplidores locales de bienes y servicios necesarios para transportarlo a usted. Note usted que discrimina solo contra los locales. Las líneas aéreas se podrán quitar el impuesto usando bancos extranjeros en sus transacciones, despidiendo a los salvadoreños y contratando a extranjeros a los que les pagarían afuera. El resultado es que varias agencias de viajes tendrán que cerrar, y muchos empleados perderán sus cargos en la industria turística.

En ambos casos, el peso muerto es enorme y se paga en términos de menor inversión y empleo para los salvadoreños. Es como pegarle un tiro en el pie a la sociedad salvadoreña, deprimiendo su economía más todavía. ¿El gobierno hará esto de hecho, o por ignorancia?

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.