Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

El enfermo que debe sanar

Se palpa en El Salvador un cierto sentido de pesimismo colectivo provocado por titulares como: "Otra muerte renal en San Luis Talpa", "Deuda pública del país es insostenible", "Democracia amenazada por conflicto constitucional", y "Seleccionados suspendidos por amaño".

Un molesto sentimiento de capa caída que, con frecuencia, nos hace cuestionar si a nuestros hijos les pinta un buen futuro en el país que los vio nacer, o si mejor deban buscar suerte al otro lado del cerco.

Es que de este lado, la cosa está jocote: Nos tiene traumados la inseguridad (púchica, si en plena trabazón nos encañonan); dudamos llegar a viejos sanos y salvos; la bolsa nos aprieta (coyol partido, coyol comido).

El coyol se complica, pues como país no tenemos posibilidad de hacerle frente a la deuda más enorme de nuestra historia (¡qué vergüenza!). Un coyol que ha convertido a El Salvador en el enfermo de Centro América. Una enfermedad que nos ha llevado para atrás como el cangrejo en educación (¡los uniformes no enseñan!), seguridad (pura paja la mentada tregua), salud y crecimiento, y adelante en homicidios, extorsiones, desempleo y manos peludas. (¡Sana, sana culito de rana!).

Don Pesimismo también está en el ambiente porque, como aquí cada quien hace lo que le ronca la gana, hemos sido víctimas de una larga, turbia y aburrida campaña anticipada. Las elecciones están a la vuelta de la esquina, pero parece que a la mayoría de los que tenemos DUI, no nos ha calado ningún mensaje sensato.

Momento, ¡alto al vaso medio vacío! Los pesimistas, y los malos de la película, ignoran una fuerza superior que empuja con más vigor en la dirección contraria: La capacidad comprobada que tenemos los salvadoreños de combatir la adversidad y salir adelante. La fuerza del bien sobre el mal, de la sonrisa sincera, del amor al trabajo, de la unión familiar, del espíritu emprendedor y caritativo. Un espíritu que a veces se debilita pero que, con un pequeño estímulo, fácil vuelve a brillar.

Si queremos que nuestros descendientes tengan futuro en El Salvador, no se vale tirar la toalla. (¡Encendamos nuestro espíritu!).

Gozamos la enorme dicha de vivir en democracia (¡que dieran los cubanos!). Dicha que nos permite, cada cinco años, acudir a las urnas para una de dos opciones: Elegir un nuevo rumbo, o si las cosas no pintan tan negras, premiar al partido del presidente saliente. (¡Demandemos que los comicios sean legítimos!).

Política aparte, echémosle leña al fuego de nuestro espíritu encontrando una válvula que nos permita escapar del malvado pesimismo: Qué bien que se ha multiplicado exponencialmente el interés por el ejercicio (¡el mejor de los vicios!).

Si de plano no naciste para correr, ni nadar, ni pedalear, te invito a las válvulas del MUNA, del Luis Poma, del MARTE y los conciertos de la Sinfónica; a darle los buenos días a don torogoz en el bicentenario y a doña urraca en el Imposible; a llevar a tus hijos al avión de TACA del Tin Marin, y a disfrutar el desfile de Independencia en el Flor Blanca; a tomar clases de pintura o yoga; a disfrutar el amanecer y la luna llena; a cambiar el 4 por Vietnam (y los churritos por la carne de chucho), uno que otro domingo; a comprar un chucho en el redondel Masferrer; a ayudar al prójimo; a cantar en la lluvia como Sinatra; a leer o escribir… En fin, no hay excusa para no ver tanta cosa buena que tiene la vida. (¡Abramos nuestros ojos!).

De pie por favor: Saludemos la patria orgullosos, de hijos suyos podernos llamar. Que en estos días de patriotismo, el azul y blanco brille a flor de piel (¡192 años de independencia!). Tengamos fe inquebrantable en el camino. Encontremos a Dios, busquemos la Unión y defendamos nuestra Libertad. Sólo así nuestros hijos en su Patria sana podrán progresar. (¡Sí se puede!).

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com