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La enfermedad holandesa y la latinoamericana

El que no chequea la realidad antes de creer en una afirmación se traga cualquier cosa. Hay ejemplos de este tipo de comportamiento en todas las áreas, pero hay áreas en las que es más común que en otras. Una de estas es la economía, que fácilmente puede convertirse en un terreno fértil para charlatanes si los que los escuchan no tienen la precaución de preguntar por datos y evidencias. Debido a esto se generan modas, ideas que no tienen que ver con la realidad pero que se vuelven populares sólo porque suenan bien y muchos las repiten.

De esta forma, por ejemplo, acabamos de vivir casi una década en el alto crecimiento que comenzó en 2004 en América Latina que fue atribuido a lo que se calificó como sus excelentes políticas económicas cuando en realidad la causa era un boom de los precios de los productos primarios. Ahora que los precios de los productos primarios han comenzado a bajar, causando una disminución drástica en la tasa de crecimiento de todos los países que supuestamente eran el motor del mundo, ha surgido una nueva teoría que dice que la producción de América Latina está disminuyendo porque la región está amenazada por la así llamada "enfermedad holandesa".

La primera vez que alguien habló de esta enfermedad lo hizo hace varias décadas con relación al descubrimiento de nuevas reservas de petróleo y gas en el Mar del Norte, que generaron grandes ingresos a Holanda y aumentaron los salarios en el mercado laboral. Éstos causaron aumentos sustanciales de costos al punto que muchas actividades industriales perdieron su rentabilidad. Los que inventaron el término predijeron que la industria holandesa iba a morir por causa de esos salarios más altos. Holanda se convertiría en un país productor de productos primarios exclusivamente, en una república bananera basada en el petróleo, como Venezuela digamos. Esto es lo que esta nueva moda dice que está pasando en Latinoamérica (como si alguna vez hubiéramos tenido una industria como la holandesa al momento del pronóstico).

Ante este pronóstico tan siniestro usted podría preguntarse, ¿y qué le pasó a Holanda cuando contrajo esta enfermedad? ¿Murió de ella? ¿O se debilitó drásticamente?

Al ver la evidencia, usted realiza que nada de lo que predijeron se cumplió. Al contrario, si fuera cierto que Holanda está enferma, a usted le gustaría tener esa enfermedad. Después de cincuenta años de estar "enferma", tiene uno de los ingresos por habitante más altos del mundo (46 mil dólares anuales por persona). La tasa de crecimiento de estos ingresos ha sido más alta que el promedio de Europa. Tiene una industria muy productiva y su economía es altamente competitiva a pesar de sus salarios altos. ¿Qué hay de malo?

No hay nada malo excepto en la defectuosa conceptualización de los fenómenos económicos contenida en el diagnóstico de esa supuesta enfermedad. La economía holandesa respondió aumentando el valor agregado de sus productos, de tal manera que podían venderse con utilidad aun pagando salarios más altos. Esto sucedió porque la población holandesa compite no por ser barata sino por ser educada, capaz de hacer cosas que otros, menos educados, no pueden hacer.

Si fuera cierto que Latinoamérica tiene esta enfermedad, y la tratara de la misma forma que Holanda, el haberla contraído sería lo mejor que le pudo haber pasado a la región. Pero hay dos problemas. El primero es que esta supuesta enfermedad se contrae cuando los precios de los productos primarios están subiendo, y hoy están bajando. Los que hablan de ella están diez años atrasados. El segundo problema es que en vez de hablar de la enfermedad holandesa, América Latina debería de preocuparse de la enfermedad latinoamericana, que es responder a todo con políticas populistas. Si se responde con ellas a precios subiendo o bajando, el resultado será un país que debería ser rico pero que está en crisis como Venezuela. Si se responde como Holanda, el resultado sería un alto desarrollo económico. Lo que mata y lo que debe preocupar, entonces, es la enfermedad latinoamericana, no la holandesa.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.