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Enemigos en el aire

Algunos epidemiólogos han sugerido que la malaria, o paludismo, ha sido la causa de muerte de la mitad de los seres humanos a lo largo de la historia. Entonces, una de cada dos personas que ha poblado la Tierra ha sido asesinada indirectamente por mosquitos. Este dato es, como mínimo, sorprendente. No puede comprobarse con entera certeza pues, en primer lugar, no se conoce cuántas personas han existido, y no hay manera de conocer claramente la causa de sus muertes. La información surge de análisis estadísticos que tienen un alto componente de especulación. Pero si tomamos en cuenta que la malaria ha acompañado a la especie humana desde que ésta surgió y que ha predominado en la historia sobre las pestes y otras epidemias nos daremos cuenta que la posibilidad de que los cálculos sean correctos existe.

Datos más cercanos y confiables indican que actualmente la mitad de la población humana está a riesgo de contraer malaria y que anualmente mueren aproximadamente 600,000 personas de esta enfermedad. La mayoría de casos de enfermedad y muertes suceden en África, pero otras regiones del tercer mundo también tienen riesgo.

La palabra malaria viene de "mal aire", ya que antaño se creía que la enfermedad provenía de algo que se encontraba en el aire. La idea era inexacta pero no estaba alejada completamente de la verdad. No era un tóxico que se encontraba en aires malsanos sino unos bichos que volaban en ellos. Fue el médico militar francés Alfonso Laverán quien descubrió en 1880 que la enfermedad tenía origen microbiano, al detectar protozoos en la sangre de los afectados. Poco tiempo después científicos italianos y norteamericanos descubrirían los diferentes tipos de Plasmodium que la producen. Sir Ronald Ross, oficial médico británico, descubrió que los mosquitos actúan como flotas aéreas que llevan los parásitos de un huésped a otro. Ross lo descubrió en pájaros pero eventualmente un equipo de investigadores italianos comprobaría que la malaria humana es trasmitida de esta forma.

Tiempo después el norteamericano Walter Reed, completando las investigaciones hechas por el cubano Carlos Finlay, determinó que la fiebre amarilla, una enfermedad causada por virus, también es trasmitida por mosquitos. Siempre los dichosos mosquitos que brindan el transporte aéreo a microbios que escogen como hotel cinco estrellas a los humanos. Como estas enfermedades no se pueden trasmitir directamente y necesitan estos "vectores" la lucha es contra los mosquitos.

Actualmente la fiebre amarilla y la malaria han disminuido drásticamente en esta parte del mundo. Pero ha surgido el dengue y, últimamente, el chikungunya, que son trasmitidas por mosquitos.

El enemigo a vencer es entonces el mosquito. Pero es una criatura muy especial y no es sencillo deshacerse de él. Los mosquitos tienen una capacidad olfatoria miles de veces superior a la nuestra y, aunque no lo queramos, nos huelen. Detectan a muchos metros de distancia el dióxido de carbono que exhalamos. Nacen cerca de nuestras casas y viven toda su vida en un radio de poco más de un kilómetro. Prefieren los lugares oscuros, y el agua acumulada en recipientes, que no circula, es su clínica de maternidad perfecta.

La lucha contra el mosquito se ha convertido en toda una ciencia. Mientras esta ciencia consiga métodos más efectivos nosotros podemos contribuir. Evitar que se acumule agua en recipientes y usar mosquiteros para dormir son dos formas eficaces para contener a estos indeseables voladores que hacen más que perturbarnos el sueño.

*Médico psiquiatra.

Columnista de El Diario de Hoy.