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Encontrando el sentido

Creo que el mejor camino para darle significado a nuestro paso por el mundo es ayudando a otros, especialmente a quienes más lo necesitan. Hay mil formas de hacerlo, basta solo detenernos y pensar en ellos. Luego actuar

Me gusta ver fotografías antiguas, no solo las de mi pasado que en todo caso serían fotografías viejas. Me refiero a imágenes de otros tiempos, tiempos remotos en que no había nacido. Fotos de los años treinta o cuarenta, de parientes que jamás conocí, o de El Salvador de antaño, de la vida en la ciudad o del campo. Los portales, los tranvías, la gente caminando en las calles empedradas. Me gusta también ver películas de hace sesenta o setenta años, en blanco y negro, mexicanas o norteamericanas, que dibujan otras épocas, otras costumbres, otra gente. Y noticias de periódicos de ediciones ya olvidadas por el tiempo. Notas de un nacimiento o de una boda, anuncios comerciales o profesionales, cosas que fueron un día relevantes.

Veo como un anticuario los detalles, hasta los más pequeños. Un comerciante frente a su tienda, un transeúnte con sombrero disponiéndose a cruzar la calle, un niño corriendo, una vendedora con su canasto. En las películas, más que al personaje principal, veo a la gente de atrás, los automóviles que se cruzan en la escena, el hombre que pasa incidentalmente en su bicicleta. Y en los periódicos leo antiguos editoriales y artículos.

Todo esto me transporta al pasado, un pasado que no viví pero del que obtengo entretenimiento y material para meditar. Me entretengo pensando cómo era la vida en esas épocas, me ubico en ellas. Más aún, me pregunto dónde iba el señor del sombrero, quién era el conductor del automóvil que pasó por la escena de la película, qué fue del niño que corría y de la señora con el canasto. En este sentido no soy un anticuario, cuyo interés sería la fotografía en sí o su interés histórico. Soy más bien un coleccionista de momentos y un observador de experiencias humanas. El observar momentos remotos facilita la perspectiva de estas experiencias, que hacen surgir preguntas sobre nuestra existencia.

Porque el primer elemento que surge en mi mente es lo efímera que es la vida, tan solo un destello de luz en la inmensidad del tiempo. Las fotografías antiguas nos lo dicen de una manera elocuente. Todas esas personas de las imágenes, todo lo que estaban haciendo son ahora solo eso, imágenes. Lo que quedó y queda de ellas es lo que hicieron en sus vidas, si fue importante o valioso.

En la película La Sociedad de los Poetas Muertos hay una escena en la que se hace alusión a este tema. El maestro de Literatura enseña a sus alumnos fotografías de generaciones antiguas de estudiantes, les hace ver la brevedad de la vida y les incita a que aprovechen el tiempo que tienen. En la cinta su lección es que le den sentido a su vida deteniéndose en las cosas bellas, no solo en las importantes o prácticas.
Eso está muy bien, es inspirador; pero en mis fotos antiguas el sentido que extraigo está relacionado con las otras personas, con nuestras acciones hacia ellas.

Creo que el mejor camino para darle significado a nuestro paso por el mundo es ayudando a otros, especialmente a quienes más lo necesitan. Hay mil formas de hacerlo, basta solo detenernos y pensar en ellos. Luego actuar. Todos nos necesitamos, vivimos juntos en este momento, y ayudar da sentido a la vida. Debe ser ahora, después solo seremos una imagen de una foto antigua de una persona cruzando la calle. 


*Médico psiquiatra 
y columnista de El Diario de Hoy.