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Encíclica papal “Laudato Si”

Las encíclicas se nombran de acuerdo con las dos primeras palabras con que inicia el documento: «Laudato Si» que significa «Alabado Seas» y adquiere su nombre de un antiguo canto de San Francisco de Asís llamado Cántico de las Criaturas o «Laudes Creaturarum» por su nombre en latín y que inicia: «Laudato Si, Mi Signore» (Alabado Seas, Mi Señor) «por la hermana nuestra madre tierra, la cual nos sustenta, y gobierna y produce diversos frutos con coloridas flores y hierba». Este cántico, compuesto alrededor del año 1224, no es solamente una plegaria religiosa, es una alabanza al Creador por todos los seres vivos y por la pacífica interrelación entre todos ellos. 
Manifiesta el pontífice que Francisco de Asís, el Patrono de los Ambientalistas, es ejemplo claro de un propulsor de una ecología integral, armónica y aborda la atención que debemos tener en «el cuidado de nuestra casa común», como bien llama al planeta; es por estas razones que se piense que es una encíclica solamente sobre el cuidado de la naturaleza y las políticas de atención a la ecología pero la verdad es que el documento va más allá de los problemas actuales del cambio climático, la explotación inmisericorde y destrucción del medio ambiente. Está orientada, como bien menciona el papa, a lograr la «justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior». Para afinar su encíclica se apoya en el magisterio de cuatro papas que lo han precedido: Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II y Benedicto XVI, quienes en diferentes momentos de sus pontificados se refirieron al ya identificado problema de la depredación de la naturaleza por el hombre y urgieron medidas para contener esta catástrofe y su relación con el sufrimiento y dignidad humana. 
Es en esta perspectiva que el papa Francisco hace un recordatorio de otras voces que se han alzado tratando de detener este fenómeno de la explotación de la naturaleza y de los seres humanos que intentan convivir en ella. Menciona entre ellos a religiosos como el Patriarca Ecuménico y Arzobispo de Constantinopla, Bartolomé I, quien es el líder del principal centro eclesiástico de la Iglesia Ortodoxa que agrupa a más de 300 millones de cristianos ortodoxos en todo el mundo y que ha abogado desde 1991 por una revitalización espiritual, coexistencia interreligiosa y protección del medio ambiente como fundamentos para encontrar la paz, solidaridad y amor entre los seres humanos y con quien el papa Francisco «comparte la esperanza de la comunión eclesial plena».
No faltan los que critican esta encíclica, muchos de ellos aun previamente de su publicación oficial o antes de haberla leído completamente, porque la consideran como un peligro para una mal llamada «Teologización de las ciencias», es decir la intromisión de la Iglesia en el conocimiento científico, situación que está lejos de ser siquiera una posibilidad. Finalmente la encíclica, «Laudato Si». no debe verse como un documento del Vaticano únicamente para los católicos, sino como un legado universal para mantener el diálogo interreligioso que lleve a un entendimiento ecuménico para la resolución de problemas trascendentales; tampoco debe evaluarse como una encíclica para creyentes y religiosos, sino como un aporte para todos los laicos interesados en una convivencia con justicia y en paz en esta «nuestra casa común».


*Doctor en Medicina.
aguilarjoya@yahoo.com