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Emprendedurismo en El Salvador

Un emprendedor es aquella persona que convierte una idea en un proyecto concreto y conciso, identificando y organizando los recursos necesarios para desarrollarla y hacerla una realidad rentable. Generalmente se describe a una persona emprendedora con términos como visionario, innovador, creativo, arriesgado, dinámico, características que hacen que los emprendedores constituyan el motor económico del país, por lo cual, promover la actitud emprendedora de los ciudadanos, es vital para el desarrollo de El Salvador.

Lamentablemente, de acuerdo con una investigación ejecutada en 69 países por el Global Entrepreneurship Monitor (GEM), nos encontramos por debajo del resto de América Latina en materia de emprendedurismo. Según el GEM hay muy pocos emprendedores nacientes en relación al nivel de desarrollo del país, comparado con otros de la región en similares condiciones. El GEM realiza estudios a nivel continental, pero fue hasta 2012 la primera vez que El Salvador fue tomado en cuenta para dicha investigación, misma que fue desarrollada por la Escuela Superior de Economía y Negocios (ESEN).

Los resultados de la investigación afirman que en El Salvador las características de los emprendedores son las siguientes: su edad promedio es de 36.7 años al momento de iniciar su empresa, su nivel educativo es de bachillerato, tienen dos hijos en promedio por lo que su emprendimiento más que por tener un visión comercial, es por "necesidad", lo cual es confirmado al analizar su actividad económica anterior al negocio, la cual usualmente era ama de casa o empleado, constituyendo entonces que los emprendedores en El Salvador son "empujados" a iniciar un negocio principalmente por la situación económica familiar y no por ser motivados por programas que fomenten su desarrollo.

El estudio confirma que los emprendedores nacionales inician su empresa con ahorros personales, lo cual evidencia poco apoyo por parte del Estado o de las instituciones financieras en El Salvador para tales propósitos. Salvo raras excepciones, son muy pocas entidades especializadas en apoyar empresas nacientes, ello debido a que la banca privada difícilmente financia a los emprendedores, ya que usualmente no poseen experiencia previa en negocios o conducción de empresas, ni pueden aportan garantías colaterales para garantizar el pago, lo cual los hace ser considerados como una inversión de alto riesgo. Resulta evidente la urgente necesidad de que existan instituciones estatales que apoyen financieramente las iniciativas empresariales de los ciudadanos, lo cual sería mucho más rentable que gastar importantes recursos del Estado en subsidios que mantienen a la población en la pobreza.

El porcentaje de negocios que se emprenden de esta manera en el país, está por debajo del promedio a nivel latinoamericano, fenómeno que en parte se explica por la violencia que a diario vivimos los salvadoreños. El 7.6 % de los emprendedores con un negocio lo abandonaron en el periodo de 12 meses ya sea por cierre, venta o abandono de la responsabilidad de dirigirlo, esta es la tasa más alta de cierre de empresas en América Latina. El 45 % cerró el negocio porque no le resultaba rentable, siendo una de las razones por la baja rentabilidad las extorsiones que a diario tienen que enfrentar los empresarios; según los emprendedores entrevistados consideran que en una escala del 1 al 10, la violencia en El Salvador se encuentra en un nivel de 8, siendo una de las principales barreras para el éxito en los negocios. De cada 10 nuevos empresarios que se han visto afectados por la violencia, 9 están pensando en cerrar el negocio. Si la actual situación de violencia persiste, 3 de cada 10 empresas podrían cerrar en los próximos meses en El Salvador, lo cual constituye un círculo vicioso que vendría a incrementar la situación de desempleo en el país.

De acuerdo a entidades especializadas, El Salvador tiene la nota más baja o la segunda más baja en la región en indicadores como acceso al financiamiento y políticas específicas de gobierno que promueven el emprendimiento, lo cual es confirmado por las estadísticas: solo el 9.9 % de la población adulta del país se atreve a fundar una nueva empresa en El Salvador, porcentaje que nos coloca como el segundo país de América Latina y el Caribe con menor tasa absoluta de emprendedores por oportunidad.

Cuando el tema se analiza por áreas geográficas se percibe una importante diferencia respecto al inicio de nuevas empresas entre los departamentos: San Salvador es el departamento con el perfil emprendedor más alto, mientras que Sonsonate y Ahuachapán son los departamentos con menor perfil emprendedor. En cuanto a género, el mejor perfil emprendedor lo tienen las mujeres del departamento de Morazán y los hombres del departamento de San Salvador. Las mujeres de Sonsonate y los hombres de Ahuachapán tienen el perfil emprendedor más bajo de todo el país. En El Salvador, de cada 10 emprendedores, 6 son mujeres y 4 son hombres, por lo que existe una preeminencia del género femenino en la actualidad.

Según el PNUD, los tres obstáculos para el emprendimiento en el país son la dificultad de acceso al financiamiento (22.6 %), las políticas de gobierno y el entorno político y social (16.1 %) y la poca educación para el emprendimiento (con 14.5%), de acuerdo a dicha entidad la estrategia nacional de desarrollo que buscaba convertir a El Salvador en un país de amplio crecimiento, liderado por exportaciones y uso de mano de obra ha fracasado, ya que el nivel de empleo y auge económico que se derivó de las privatizaciones, así como por la estabilidad política y económica que se vivió después de la firma de los Acuerdos de Paz, no ha podido ser igualado por la estructura de los asocio público privados implementada desde el gobierno anterior, la cual no ha dado los resultados esperados para hacer atractivo a El Salvador para la inversión nacional y extranjera, por lo que ya es impostergable revisar a fondo la estrategia económica que nuestro gobierno ha venido implementando, para hacer los cambios urgentes que el país necesita para su desarrollo. Conociendo que El Salvador se había distinguido por estar lleno de "gente trabajadora", el gobierno debería crear un "sistema nacional de incubadoras", para apoyar la creación de nuevas empresas y acompañar a las MYPES existentes en una etapa de consolidación e incluso de aceleración empresarial, debiéndose comenzar a fomentar el emprendedurismo desde los niveles más bajos del ámbito educativo, para ello sería necesario dotar al docente de las herramientas pedagógicas y didácticas necesarias para tal fin, así como desarrollar programas de fomento de ideas emprendedoras en las personas que se encuentren desempleadas, brindándoles asesoría técnica y asistencia financiera. Finalmente, fomentar el emprendimiento juvenil, apoyando a los estudiantes en su proceso de creación de nuevas empresas constituye --junto a la educación-- el verdadero futuro del país, futuro con el cual, el gobierno de la república y la empresa privada, deberían estar completa y absolutamente comprometidos. Apoyar y educar decididamente a los jóvenes lograría que estos buscaran su desarrollo personal concentrándose en su proyecto de negocios en vez del fácil y desastroso camino de las pandillas. Es mucho más rentable para la sociedad invertir en la educación de los jóvenes, así como apoyar nuevas iniciativas empresariales, que invertir en cárceles, la historia nos lo dice.

*Colaborador de El Diario de Hoy.