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Empatía y solidaridad

Al conocerse ante la opinión pública "el caso" de Beatriz se me vino de inmediato a la mente que fue Silvia, mi esposa, quien tomó las decisiones cuando a mis 38 años de edad (16 más de los que en este momento tiene Beatriz) me llegó la prueba de la enfermedad: un cáncer linfático en el mediastino. Mi mente, que lidiaba más con el impacto emocional del diagnóstico que con la toma de decisiones para el tratamiento, reflexioné, no estaba para decidir sobre lo que en mi caso implicó en la parte clínica, cirugía mayor, quimioterapia y radiaciones. La gran pregunta: ¿Estará tomando Beatriz o sus familiares más cercanos algún tipo de decisión o alguien más las estará tomando por ellos?

Porque costaría creer que ha sido Beatriz, de 22 años de edad, originaria de un cantón de Jiquilisco y abrumada por la situación que padece, o sus familiares, quienes contrataran o pidieran que se contratara a los dos abogados que como apoderados suyos interpusieron un recurso de amparo ante la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema, para pedir "interrupción de embarazo" por estar en peligro la vida de la madre. Casi con simultaneidad a la presentación del amparo subió el Ministerio de Salud a las redes sociales un informe de Maternidad en el cual se acordaba la "finalización de la gestación" considerando la salud de la madre y la anencefalia del hijo en su vientre.

La madre de Beatriz le dijo a EL DIARIO DE HOY que su hija padece de lupus desde hace cuatro años y que ha estado en tratamiento; que en su momento ella se lo hizo saber al entonces novio de su hija y que Beatriz tuvo un embarazo de alto riesgo con su primer hijo, de un año de edad. Pero que no sabía que su hija tenía insuficiencia renal hasta que en la actual coyuntura escuchó decirlo en los medios de comunicación a la ministra de Salud. La señora dijo que sabía que había vida en el vientre de su hija y que quería que ambas vidas se preservaran pero que eso estaba en manos de los médicos, que también quería la vida de su hija y que en última instancia fuera lo que Dios dispusiera.

Creo que todos estamos a favor de que Beatriz reciba el tratamiento médico que requiere y ha habido ofertas de ayuda económica, psicológica, etcétera, porque lo que se sabe es que por fortuna no se está en situación de decidir entre la vida de la madre o la de su hijo en el vientre; incluso médicos de ABIOES han dicho que si no tiene posibilidad de vivir el niño y es precaria la situación de su madre, como parecería serlo, puede pasarse a un parto inducido. Lo que no cabe, si ese fuera el caso, sería tomar la situación de Beatriz para avanzar otras agendas, léase la del aborto. Beatriz y sus familiares merecen mucho más que ello; merecen empatía, solidaridad y ayuda para salir de esta con bien.

Y como creo que existe en nuestra sociedad un enorme grado de empatía y solidaridad hacia Beatriz, su cónyuge, su hijito de un año, madre y familiares cercanos, ojalá que la atención que ha despertado su situación sirva para poder canalizarles la ayuda que requieren para superar la prueba y que logren salir con bien de ella y recuperar sus vidas para bien. Siendo inherentes a ladignidad del ser humano los principios de solidaridad y subsidariedad, que sea ese el marco rector para apoyar a estos hermanos salvadoreños en necesidad.