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Elogio de la muerte en un país de creyentes

 Los creyentes moralistas dividen a la sociedad entre honrados y malvados

De acuerdo con la encuesta,  “La fe de los centroamericanos y República Dominicana”, publicada a finales de 2013 por CID-Gallup, el 99% de los salvadoreños manifiesta creer en Dios. De esos creyentes, es abrumador el número de los que se identifican con una expresión cristiana ya que El Salvador es el país del área con menor adherencia a sectas, agnosticismo o ateísmo. Paradójicamente, los salvadoreños conocen muy poco de Dios. Después de Panamá, el nuestro es el país donde menos se lee la Biblia. Eso explica, en parte, el desconocimiento del Dios de amor que las Escrituras presentan que, además, otorga un valor inmensurable a la vida humana. Pero las paradojas no se detienen allí, con tantos creyentes por kilómetro cuadrado se esperaría que uno pudiera caminar tranquilamente por las calles de un país tan devoto. Pero vivimos en un país donde creyentes matan a otros creyentes sin siquiera ruborizarse por la profunda contradicción que eso implica. Los mismos miembros de pandillas poseen un gran respeto hacia las cosas de Dios y por quienes las practican aun cuando ellos, ni por asomo, viven en concordancia con las enseñanzas cristianas y no tienen miramientos al matar a otro.

Los creyentes que presumen de piadosos invocan el pasaje de la Biblia donde dice “ojo por ojo, diente por diente” con el fin de justificar las matanzas arbitrarias como solución al problema de seguridad, olvidando que Jesús dijo: “Ustedes han oído que se dijo: ‘Ojo por ojo y diente por diente.’  Pero yo les digo: No resistan al que les haga mal. Si alguien te da una bofetada en la mejilla derecha, vuélvele también la otra.” Abundan las expresiones de odio y amargura entre aquellos que dicen creer en quien dijo: “Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen,  para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos.” Los creyentes moralistas dividen a la sociedad entre honrados y malvados. Los honrados son tan honrados que pueden armarse y disponer libremente de la vida de los malvados o aplaudir a quienes lo hacen. En eso no ven contradicción alguna con la fe, pues, se ven en el derecho de despreciar el carácter sagrado que Dios ha dado a la vida humana y menospreciar las palabras de Jesús quien dijo: “Si ustedes aman solamente a quienes los aman, ¿qué recompensa recibirán? ¿Acaso no hacen eso hasta los paganos?”.

De seguro que se necesita ser tan cínico como Pilato para caer en semejantes contradicciones y negar la pertinencia de las enseñanzas de Jesús a la situación complicada que vivimos. Si lo que Jesús dijo no es para nosotros ahora, entonces no lo es para nadie en ningún tiempo. Debemos transitar el camino que nos lleve de ser creyentes a ser discípulos. Es en medio de las situaciones difíciles y excepcionales donde se trasluce el verdadero seguimiento de Jesús. Es en nuestra época cuando, siguiendo el Sermón del Monte, debemos vivir los valores del perdón, la reconciliación, el amor y el aprecio por la vida humana. Es necesario experimentar una auténtica conversión que sacuda nuestros cimientos de odio y venganza para construir una sociedad concordante con la fe del Evangelio. De otra manera, los discípulos terminarán siendo vilipendiados y los violentos alabados. Como bien lo escribió la poetisa Gioconda Belli: “Dios dijo: Ama a tu prójimo como a ti mismo. En mi país el que ama a su prójimo se juega la vida”.

*Colaborador de El Diario de Hoy.