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Ellos y nosotros

América Latina ha probado de todo para salir de la pobreza. Ha pasado por etapas de caudillos, tiranos ilustrados como el doctor Francia en Paraguay, dictadores militares ignorantes como Vicente Gómez en Venezuela, gobiernos militares autoritarios, experimentos "neoliberales", dictaduras comunistas como la de Fidel Castro, revoluciones, contrarrevoluciones y ahora la epidemia del socialismo del Siglo XXI.

Pero seguimos siendo una región subdesarrollada, con la excepción, todavía, de Chile, país que se encuentra en los umbrales del desarrollo. Esta última palabra "desarrollo" es parte del, a veces, extraño léxico de los organismos multilaterales.

Pero me encanta una definición que me expresó hace tiempo un buen amigo: "Entiendo el desarrollo como el progreso constante de las comunidades, sobre todo de las más humildes". Es decir que no se trata solamente de mostrar indicadores económicos que haga inflar el ego de presidentes y ministros. Se trata sobre todo de que gente de carne y hueso que vive en carencias mejore sus condiciones de vida.

Es decir que las familias o las personas vivan en entornos dignos y seguros. Con acceso a la salud, agua potable, energía eléctrica y educación de calidad. Casi todos los gobiernos tienen esos propósitos. Digo casi porque es obvio que ha habido presidentes cuyo único fin fue satisfacer todos sus caprichos, lujurias y fantasías. Pero los normales, sí tenían el noble propósito de hacer mejor las cosas. Pero salvo raras excepciones, en América Latina, fracasaron.

Chile, y en alguna medida Costa Rica, ha tenido gobernantes excepcionales que modelaron lo que actualmente son. El "combate" en contra de la pobreza siguiendo las recetas de los organismos multilaterales pareció funcionar en algunos momentos, pero la corrupción hizo fracasar el modelo. México y Perú son vivos ejemplo de esta afirmación. En el país los primeros 17 años de gobiernos desde 1989 marcaron una sensible disminución de la pobreza. Eso está registrado en cualquier documento serio y nadie en su sano juicio lo puede desmentir.

Se ensanchó, en ese período, la clase media. Es decir más salvadoreños pasaron no solo a vivir de manera más digna sino a tener acceso a una mejor educación, televisores, refrigeradoras, teléfonos, automóviles. Menciono esos últimos artículos, no porque son el símbolo de la "felicidad" sino por el simple hecho que son tomados en cuenta como indicadores a la hora de las encuestas sobre la pobreza y el desarrollo.

Después nuevamente comenzó a aumentar la pobreza. Justamente cuando más se habló de programas sociales y solidarios. El caso de Venezuela es extremo. Ciertamente Hugo Chávez habló desde la orilla de los pobres, como ya lo había hecho antes Perón. Los pobres, al menos la mayoría, los amaron. Tras ellos vinieron otros imitadores hablando en contra de los ricos y por supuesto del imperialismo yanqui. Los resultados en todos los casos son calamitosos para los pobres.

Para los populistas de todo signo siempre hay que tener un enemigo. Y si no se tiene hay que inventarlo. El enemigo es el culpable de todo. Y ese ha sido uno de los grandes problemas de América Latina, incluyendo El Salvador: El enfoque belicoso de ellos contra nosotros. Ciertamente existen ellos y nosotros, en todos los ámbitos: político, religioso, físico, lo que sea. Pero no necesariamente tenemos que estar "en guerra" debido a la otredad.

No hay mucho que inventar en cuanto a modelos de convivencia humana exitosa. Los grandes experimentos de ingeniería social del Siglo XX: el fascismo, el nazismo y el comunismo terminaron en tragedias espantosas. Los países donde la gente es más feliz son donde las sociedades son más libres en todo sentido. Ciertamente todos somos o debemos ser iguales ante la ley, pero no todos nos comportamos iguales frente a la misma.

Todos debemos tener las mismas oportunidades, pero no todos las aprovecharán igual. Porque cada ser humano es diferente. El actual gobierno del FMLN debe tener conciencia que su ideología no está precisamente en auge. Venezuela y Cuba son velas que se apagan, como en bailando por un sueño. Lo más inteligente es abandonar el enfoque clasista y belicoso de nosotros contra ellos, ser pragmáticos e inspirarse más bien en Ricardo Lagos que en Nicolás Maduro.

* Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleasp@hotmail.com